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martes, 31 de enero de 2017

Los niños aprenden lo que viven, de Dorothy Law Nolte


 

Hace más de veinte años, me llamó la atención lo que leí en un afiche titulado: “Los niños aprenden lo que viven”. Contenía unas sentencias sobre la educación de los hijos, traducidas del original, en inglés, escrito por Dorothy Law Nolte, Ph.D. (1924-2005).

La autora escribió estos enunciados en 1954 para un periódico, The Torrance Herald, del condado de Los Ángeles, California. Más tarde, sin ella saberlo, este escrito fue publicado y distribuido masivamente por una compañía que fabricaba productos de alimentación para niños. Cuando ella descubrió que se habían distribuido millones de copias, se decidió a registrar la propiedad intelectual de la obra, teniendo así los derechos de autor desde 1972. Sin embargo, dejó a la compañía seguir utilizando su texto, de forma gratuita.

En 1998 escribió, junto con Rachel Harris,  "Children learn what they live: Parenting to inspire values", traducido a 18 idiomas, entre ellos el español, versión que recibió el título de: “Cómo inculcar valores a sus hijos: Los niños aprenden lo que viven”, dedicando un capítulo a cada línea del poema.

Tanto los enunciados como el libro, quieren dar a conocer la importancia que tiene el comportamiento de los adultos en la educación y formación de los niños; el cual, se convierte en el mejor ejemplo para el aprendizaje de los niños.



Los niños aprenden lo que viven


Si los niños viven inmersos en la crítica, aprenden a condenar.

Si los niños viven rodeados de hostilidad, aprenden a pelear.

Si los niños viven con miedo, aprenden a ser temerosos.

Si los niños viven en constante aflicción, aprenden a compadecerse de ellos mismos.

Si los niños son ridiculizados, aprenden a vivir en constante timidez.

Si los niños son objeto de los celos, aprenden a sentir envidia.

Si los niños viven avergonzados, aprenden a sentirse culpables.


Si los niños son permanentemente alentados, aprenden a tener confianza en sí mismos.

Si los niños viven en la tolerancia, aprenden a ser respetuosos.

Si los niños reciben elogios, aprenden a valorar sus acciones.

Si los niños son recibidos con los brazos abiertos, aprenden a amar.

Si los niños sienten que son aceptados por los demás, aprenden a tener autoestima.

Si a los niños se les reconoce lo que hacen, aprenden que es bueno fijarse un objetivo.

Si los niños viven en un ambiente en el que todo se comparte, aprenderán a ser generosos.

Si los niños viven en la honestidad, aprenden a ser íntegros.

Si los niños viven en la honradez, aprenden a ser justos.

Si los niños son tratados con amabilidad y consideración, aprenderán a respetar a las personas.

Si los niños viven en un entorno seguro, aprenden a tener fe en sí mismos y en los demás.

Si los niños viven rodeados de afecto, aprenden que el mundo es un bonito lugar donde vivir.


Dorothy Law Nolte, Ph. D.



Imagen encontrada en Internet, modificada para el blog: 13962734-ejemplo-de-los-padres-de-familia-feliz-hijo-e-hija-Foto-de-archivo




To read it in English:

http://letushaveanicedaytoday.blogspot.com.es/2017/02/children-learn-what-they-live-by_3.html

domingo, 22 de enero de 2017

Pendientes del estrés de nuestros hijos



Sabemos, por nuestra propia experiencia, que el estrés es contagioso. Cuando nuestros hijos adolescentes acuden a nosotros para exponernos un problema, es importante que no reaccionemos con desproporción a la dramática manera como nos lo hayan planteado. Los adolescentes pueden ser extremadamente alarmistas cuando hablan de sus problemas, los cuales son absolutamente normales, en función de la edad que tienen. Y, sin embargo, nos los presentan como si  se tratara del fin del mundo. Cuando lo hagan, deberemos controlar nuestra propia ansiedad para no reaccionar de una forma exagerada, lo cual empeoraría la situación.

Es difícil permanecer en calma cuando nuestros hijos están preocupados. Sobre todo, cuando sus problemas guardan relación con algo que fue doloroso para nosotros, durante nuestra adolescencia. El estrés es muy contagioso cuando se trata de algo que nosotros conocemos bien; ya sea porque lo hayamos experimentado o porque alguien cercano haya tenido el mismo problema.

Conviene que seamos capaces de identificar cómo va aumentando nuestra tensión, a medida que escuchamos hablar a nuestros hijos. Será preciso que nos calmemos, por medio de respiraciones profundas, contando hasta diez, o lo que fuere necesario… Procede recordar que es algo transitorio y es conveniente que nos tranquilicemos, antes de poder ayudar a nuestros adolescentes, para que se calmen y puedan encontrar una solución a todo aquello que les está agobiando.

Debemos comprender y aceptar que nuestros hijos están en una época en la que sus emociones parecen una montaña rusa. En ocasiones, se hundirán en un pozo de desesperación y será necesario que les alentemos para que superen ese estado de ánimo y puedan seguir adelante. Conviene que encontremos la forma en la que tienen que proceder para dejar de sentirse atrapados por sus dramas emocionales y para que empiecen a averiguar cómo han de actuar para superar los obstáculos.

Podemos ayudar a nuestros jóvenes a decidir qué es lo primero que podrían hacer para centrarse en la solución del problema. Lograremos, al menos por un momento, que superen su crisis emocional. Juntos, podríamos explorar varias opciones. Así, tendrían más elementos para su decisión.

El estrés durante una crisis

Lidiar con el estrés durante una crisis en toda regla, es cualitativamente diferente a enfrentar las presiones del día a día. Es mucho más intenso, y esto hace que, a veces, sea difícil poder desenvolverse en la vida cotidiana.

Cuando se presenta una importante crisis familiar, los adolescentes suelen recibir menos apoyo de sus padres, justo cuando más lo necesitan. Ocurre de tal forma, porque los padres están ocupados con sus propias reacciones a la situación. Es necesario que, durante una crisis, prestemos una especial atención a la comunicación con nuestros adolescentes, sin abrumarlos con temores y responsabilidades de adultos. En esos momentos difíciles, nuestros hijos necesitan estar informados de lo que sucede, a la vez que deben sentirse protegidos. Es un equilibrio difícil, pero se puede conseguir.

Cuando entendamos que no estamos en situación de proporcionarles la atención que necesitan y que nuestro estado de ánimo no es el idóneo para comunicarnos con ellos, deberemos tratar de encontrar ayuda y apoyo para todos nosotros, sin importar que provenga de amigos o de familiares; y, si fuera necesario, de un verdadero especialista.

Para nuestro propio apoyo emocional, debemos recurrir a aquellos parientes o amigos que puedan ayudarnos a sobrellevar nuestros temores y nuestros problemas, solicitándoles la ayuda que necesitemos para afrontar la crisis que se nos haya presentado. No podemos evitar que nuestros hijos se vean obligados a tener que vivir momentos difíciles, pero podemos protegerlos de nuestra propia reacción al estrés y de una preocupación excesiva por los problemas de los adultos. Nuestros hijos necesitan que seamos fuertes, por lo que procuraremos obtener esa fuerza del apoyo que nos puedan ofrecer otras personas. No es conveniente que pongamos, sobre los hombros de nuestros adolescentes, cargas que puedan sobrepasarles.

Hay momentos en los que toda la familia está demasiado estresada como para poder manejar algún otro problema, aunque sea pequeño. En esos momentos es cuando se hace necesaria la ayuda y el apoyo de toda la familia, de los amigos cercanos, o alguna ayuda externa. Como padres, necesitamos darnos cuenta de cuándo hemos sobrepasado nuestros límites y tener claro que deberemos pedir ayuda, cuando la necesitemos.

Los adolescentes necesitan que haya adultos que se involucren íntimamente en sus vidas. Cuando nos encontremos demasiado estresados para poder ejercer de padres, de la manera como sería deseable, lo mejor que podemos hacer es pedir ayuda para nosotros y para nuestros hijos.

Es muy importante aprender a relajarse

Tenemos distintas formas de reaccionar ante las situaciones estresantes. Podemos dormir mucho o dormir muy poco y mal, comer en exceso o saltarnos las comidas, mostrarnos excesivamente ordenados o tener todo desordenado… Cada adolescente tiene su estilo propio y único de responder al estrés. Como padres, necesitamos saber cómo manifiestan sus miedos y sus inquietudes. Cuando nos parezca que algo anda mal, deberemos hablar con nuestros hijos sobre aquello que les preocupa. Cuanto más sepamos sobre lo que está sucediendo en sus vidas, mejor será nuestra posibilidad de entender qué es lo que puede estar afectándoles.

Nuestros hijos necesitan aprender a lidiar con el estrés que sientan, como parte de su preparación para la vida. Deberán reconocer tempranamente sus propias señales de estrés y aprender a calmarse. Así, podrán responder de manera constructiva ante las situaciones estresantes, en lugar de hacerlo con ansiedad o agresividad.

No olvidemos que la mejor herramienta que tenemos para enseñar a nuestros hijos a manejar el estrés es a través de nuestro propio ejemplo. Nuestros adolescentes saben cuándo estamos estresados ​​y son expertos en interpretar nuestros estados de ánimo. Si nos mostramos irritables, malhumorados y tenemos la tendencia a desanimarnos cuando nos sentimos estresados, éste será el ejemplo que les ofrezcamos.

Al aprender a manejar los primeros signos de estrés, nuestros hijos podrán dirigir su energía de una manera más efectiva, una vez hayan recuperado la concentración y hayan podido establecer sus prioridades.



Bibliografía:

“Cómo convivir con hijos adolescentes. Permaneciendo en sintonía con ellos y proporcionándoles una verdadera ayuda en sus vidas”,  escrito por Dorothy Law Nolte y Rachel Harris.

In English:

"Teenagers Learn What They Live, Parenting to Inspire Integrity & Independence", written by Dorothy Law Nolte and Rachel Harris.



Imagen encontrada en Internet, en 123RF, modificada para el blog. 56727179, de Manoj Kuman, Foto de archivo - Bienestar mental, una muchacha de ciclo en el buen tiempo para reducir el estrés.

http://es.123rf.com/photo_56727179_bienestar-mental-una-muchacha-de-ciclo-en-el-buen-tiempo-para-reducir-el-estr-s.html




To read this text in English, please, go to the following link:


http://letushaveanicedaytoday.blogspot.com.es/2017/01/being-careful-of-stress-of-our-teens.html





sábado, 28 de mayo de 2016

La principal tarea de los adolescentes debe ser la de descubrir quiénes son



La principal tarea de los adolescentes debe ser la de descubrir quiénes son


Durante los últimos años de Colegio o Instituto, nuestros jóvenes deben tener diferentes oportunidades para explorar cuáles son sus intereses y sus sueños, para descubrir lo que les apasiona y lo que da sentido a sus vidas.

Debemos hacer un esfuerzo para permitir que el futuro de nuestros hijos no vaya a ser tan ajetreado y estresado como el nuestro. Conviene recordar que nuestros adolescentes necesitan tiempo para relajarse. Necesitan gozar de mucho tiempo de actividad reducida, incluso de inactividad. Tiempo para escuchar música, pensar, estar con amigos… Es preciso tener cuidado de no sobrecargar su tiempo, imponiéndoles un exceso de actividades.

Me llamó mucho la atención leer que el principal deber de los adolescentes debe ser el de descubrir quiénes son, cómo son, qué es lo que les gusta y lo que no desean para ellos. Gozar de su tiempo para hacer amigos y para descubrir el amor, explorar sus talentos y descubrir cuáles son sus sueños. ¡Es fundamental que, como padres, les permitamos suficiente libertad para que sean ellos mismos! Solemos pensar en la adolescencia como una época muy difícil, especialmente por lo que hace referencia a las relaciones entre padres e hijos. Hoy, descubro que no le damos la suficiente relevancia a esa época de nuestros hijos, en la que van a ir poniendo las bases para lo que va a ser su vida adulta. De ahí pueden surgir grandes amistades. Posiblemente, el amor de su vida. Aunque esto último no llegara a suceder, aprenderán a conocerse a sí mismos y a forjar su carácter. Conviene que dispongan de tiempo libre, mientras descubren quiénes son realmente y en quiénes quieren convertirse.

Aunque, no hacer nada productivo, nos pueda parecer una pérdida de tiempo, para ellos, supone un alto en el camino para reflexionar, relajarse y averiguar el rumbo que desean tomar. Esto es fundamental en su desarrollo y prepara a los adolescentes para las inevitables tensiones a las que habrán de enfrentarse. En cuestión de pocos años, tendrán que tomar decisiones sobre la universidad, su trabajo y sus relaciones amorosas, las cuales serán trascendentes para la configuración de sus vidas.

Cuanto más aprendan acerca de sí mismos, mucho mejor preparados estarán para tomar esas importantes decisiones.


¿Cuál es su opinión al respecto?




Bibliografía:

“Cómo convivir con hijos adolescentes. Permaneciendo en sintonía con ellos y proporcionándoles una verdadera ayuda en sus vidas”,  escrito por Dorothy Law Nolte y Rachel Harris.

En ingles:

"Teenagers Learn What They Live, Parenting to Inspire Integrity & Independence", written by Dorothy Law Nolte and Rachel Harris.



To read this text in English, please, go to the following link:

http://letushaveanicedaytoday.blogspot.com.es/2016/05/the-main-target-for-adolescents-must-be_28.html







lunes, 2 de mayo de 2016

Si los adolescentes viven su vida con tensión, aprenden a soportar el estrés




Hemos experimentado, muchas veces, el estrés y sabemos que forma parte de nuestra existencia. Nos enfrentamos a obligaciones personales, familiares, profesionales y sociales, que parecen llevarnos constantemente de una tarea a otra.

La vida de nuestros hijos adolescentes también puede llegar a ser muy ajetreada, con los estudios, los deberes para casa, los deportes, las actividades extraescolares... Nuestros adolescentes pueden sentirse presionados desde diferentes frentes. Se les exige que alcancen unas metas, que sepan comportarse, que encajen entre ellos, que corran riesgos, que compitan, que se comprendan a sí mismos y que aprendan a entender a los demás.

Nuestros adolescentes aprenden a afrontar las situaciones de tensión que se les aparecen, observando cómo encaramos, nosotros, las diferentes situaciones que se nos presentan en el día a día. Nuestra capacidad para compaginar, con eficacia, las multifacéticas exigencias que se nos presenten, es el modelo que ofrecemos a nuestros adolescentes.

La adolescencia es una época difícil para nuestros hijos. Aunque parece que ya no nos tienen muy en cuenta, que no “contamos” tanto como antes, que nos dicen muy pocas cosas de su vida, siguen necesitando de nuestra ayuda y de nuestras sugerencias.

Si nos encontramos abrumados con nuestros propios problemas y responsabilidades, será difícil que nuestros hijos logren tener nuestra atención. Pueden intentar comunicarse con nosotros pero, desafortunadamente, hay momentos en los que no les escuchamos como ellos necesitarían que lo hiciéramos.

Podemos encontrarnos, muy a menudo, recordándoles un sinfín de cosas, que no deben olvidarse de hacer. Si deseamos que realicen varias tareas, resulta mucho más efectivo que se las demos por escrito. Así, ellos podrán revisar la lista e ir tachando las actividades, a medida que las completen.

Algunos padres, les dirán a sus hijos que se calmen, que no estén tan nerviosos, cuando son ellos los que van haciendo una cosa tras otra, o varias, simultáneamente, sin tomarse un minuto para respirar y relajarse. Los adolescentes no se pierden las contradicciones entre lo que sus padres les dicen y lo que, en realidad, hacen. Por otro lado, nuestros hijos parecen haber desarrollado una gran habilidad para desconectar, cuando los padres empiezan con sus broncas y sus consejos. Su cuerpo puede estar presente pero su mente está ocupada en otras cosas.

No nos damos cuenta que, sin quererlo, estamos contribuyendo, en gran medida, a aumentar la presión y las tensiones que puedan tener nuestros hijos adolescentes. Pretendemos que ellos se hagan cargo de sus vidas, recordándoles continuamente sus compromisos, desde nuestro punto de vista. Error craso, pues no estamos fomentando la autonomía y la responsabilidad en ellos, ya que somos nosotros los que nos “ocupamos” de recordarles lo que deben hacer y, por tanto, ellos no lo harán por sí mismos. Debemos ser conscientes que la forma como actuamos, puede significar la diferencia entre que ellos se sientan apoyados y comprendidos, a medida que van cumpliendo con su cometido, o que se sientan abrumados y nerviosos.

En ocasiones, deberíamos reconocer que estamos preocupados y nerviosos y, si nuestros hijos quisieran hablar con nosotros acerca de algo, tendríamos que decirles que ahora no podemos prestarles toda la atención que merecen. En su lugar, deberíamos emplazarles para conversar con ellos en otro momento que fuera más oportuno, por la noche, por ejemplo. ¡Y hacerlo! Debemos buscar un momento tranquilo y adecuado para escuchar lo que quieren decirnos.

Muy a menudo, podemos crearnos grandes expectativas en torno al desempeño académico y el futuro de nuestros hijos. Esto es una fuente de tensiones para padres y adolescentes. Debemos ser extremadamente cuidadosos para no agregar más presión a la que ellos ya soportan. Les podemos animar y guiar, proporcionar recursos, llevarles a visitar universidades o institutos, escucharles cuando hablan acerca de sus ambiciones y ansiedades, y desearles todo lo mejor. No es conveniente que les pidamos que cumplan nuestros propios sueños ¡Es su vida, no la nuestra!

Si les mostramos un franco interés al escuchar lo que ellos quieren compartir con nosotros, experimentarán la apertura mental necesaria para hablar de cómo se sienten, de sus temores y frustraciones… También sería conveniente que, como padres que somos, comprendiéramos que nuestros hijos tendrán que pasar por un proceso propio, en cuanto a superar los sentimientos de disgusto y decepción por algo que les haya ocurrido, antes de estar preparados para ver nuevas opciones.

Conviene que situemos a nuestros adolescentes en lo alto de nuestras prioridades y, además, que se los demostremos. Con frecuencia, esto implicará interrumpir lo que estemos haciendo, al menos por un momento, para atender a nuestros hijos. Aunque haya otros asuntos que puedan requerir de nuestra urgente actuación, es conveniente que ellos sientan que son lo más importante para nosotros.

A menudo, sus peticiones vienen en los momentos más inoportunos y sobre asuntos que a nosotros nos parecen poco trascendentes. Pero, tengamos en cuenta que si no les prestamos atención cuando están preocupados por cosas pequeñas, o de menor importancia, no podremos protestar cuando no confíen en nosotros para asuntos más difíciles.

Cuando les damos nuestra atención plena, aunque sea durante pocos minutos, aprendemos acerca de sus intereses, sus preocupaciones, sus deseos, sus habilidades… Esos momentos que compartimos juntos nos llevan a una forma especial de relacionarnos con ellos. En lugar de responderles ásperamente, cuando nos interrumpen, o de sermonearles acerca de la necesidad de que respeten nuestro trabajo, podemos entender su entusiasmo y buscar un momento en el que podamos hablar y ayudarles. Nuestros hijos entenderán que pueden contar con nuestra atención, cuando tengan algo que sea importante para ellos. Que ahí estaremos para responder adecuadamente a sus necesidades.




Bibliografía:

“Cómo convivir con hijos adolescentes. Permaneciendo en sintonía con ellos y proporcionándoles una verdadera ayuda en sus vidas”,  escrito por Dorothy Law Nolte y Rachel Harris.

En ingles:

"Teenagers Learn What They Live, Parenting to Inspire Integrity & Independence", written by Dorothy Law Nolte and Rachel Harris.



Para leerlo en inglés:

To read it in English:

http://letushaveanicedaytoday.blogspot.com.es/2016/05/if-teenagers-live-with-pressure-they.html


viernes, 26 de febrero de 2016

Los adolescentes aprenden lo que viven; seamos un buen modelo para ellos



Aunque los adolescentes parezcan fuertes, testarudos y maduros, siguen necesitando de sus padres. Necesitan nuestro tiempo, nuestra atención, nuestros esfuerzos, nuestros cuidados; y nuestros consejos, aunque no quieran reconocerlo.

A continuación, comparto con ustedes un texto muy interesante sobre la influencia de los padres en la vida de sus hijos y cómo nuestros adolescentes aprenden de nosotros, junto con algunas reflexiones en torno a ello. El título del libro es “Cómo convivir con hijos adolescentes. Permaneciendo en sintonía con ellos y proporcionándoles una verdadera ayuda en sus vidas”, fue escrito por Dorothy Law Nolte y Rachel Harris. En los diferentes capítulos, se van explicando cada uno de las líneas del texto. En futuros escritos, compartiré con ustedes las ideas que llamen mi atención.


Los adolescentes aprenden lo que viven

Si los adolescentes viven con tensiones, aprenden a sentirse estresados.
Si los adolescentes viven con fracaso, aprenden a rendirse.
Si los adolescentes viven con el rechazo, aprenden a sentirse perdidos.
Si los adolescentes viven con demasiadas normas, aprenden a saltárselas.
Si los adolescentes viven con pocas normas, aprenden a ignorar las necesidades de los demás.
Si los adolescentes viven con promesas incumplidas, aprenden a sentirse decepcionados.
Si los adolescentes viven con respeto, aprenden a respetar a los demás.
Si los adolescentes viven con confianza, aprenden a decir la verdad.
Si los adolescentes viven con franqueza, aprenden a descubrirse a sí mismos.
Si los adolescentes viven con las consecuencias naturales de sus actos, aprenden a ser responsables.
Si los adolescentes viven con responsabilidad, aprenden a ser autosuficientes.
Si los adolescentes viven con hábitos saludables, aprenden a tratar bien su cuerpo.
Si los adolescentes viven con apoyo, aprenden a sentirse satisfechos de sí mismos.
Si los adolescentes viven con creatividad, aprenden a compartir quiénes son.
Si los adolescentes viven con una atención cariñosa, aprenden a amar.
Si los adolescentes viven con expectativas positivas, aprenden a construir un mundo mejor.


Quiero hacer una aclaración: tanto el comienzo de la adolescencia, como su finalización, son diferentes en cada persona. En ocasiones, encontramos niños que ya empiezan a tener “características de adolescente”, así como jóvenes, y adultos, que todavía se comportan como adolescentes. Lo que aquí se dice, se aplica a todos ellos… Por eso, cuando lean la palabra “adolescente” piensen que se puede referir a un rango muy amplio de edad.

Las autoras, quieren recalcar que los adolescentes aprenden de nuestro ejemplo; de lo que hacemos, no de lo que decimos. La forma en que vivimos nuestra vida, las decisiones que tomamos, nuestras aficiones; en especial, la calidad de nuestras relaciones, constituyen el legado más importante que le dejamos a la siguiente generación.

Los adolescentes aprenden de nuestro ejemplo incluso cuando se rebelan contra nosotros. Son bastante sensibles, y críticos, con respecto a cualquier contradicción entre lo que decimos y lo que hacemos, y casi parecen disfrutar tomando nota de cualquier incoherencia. Así mismo, se muestran prácticamente alérgicos a nuestros sermones educativos, por bien intencionados que sean. Por consiguiente, no podemos transmitirles nuestros valores sólo con palabras, es imprescindible el ejemplo de nuestro comportamiento. El modelo que ofrecemos a nuestros adolescentes somos nosotros mismos.

Aunque los adolescentes parezcan fuertes, testarudos y maduros, siguen necesitando de sus padres. Necesitan nuestro tiempo, nuestra atención, nuestros esfuerzos, nuestros cuidados; y nuestros consejos, aunque no quieran reconocerlo. Es conveniente que sepan, y sientan, que siempre estaremos disponibles para ellos, que tendrán nuestro apoyo, tanto en los pequeños asuntos cotidianos como en los momentos de crisis. Nuestros hijos nunca son demasiado mayores para que les ofrezcamos, y les demostremos, nuestro cariño y apoyo. Es la base de la relación con nuestros hijos.

Es conveniente reconocer que, a pesar de todo el esfuerzo que hagamos por ser un buen padre o una buena madre, probablemente habrá momentos en los que las cosas no saldrán como pretendíamos, o como desearíamos, y que eso pueda hacernos sentir desvalidos e impotentes. Es lógico pensar que los padres de adolescentes algunas veces se sentirán desvalidos e impotentes, por mucho que se esmeren en la educación de sus hijos.

Muchos padres pasan por momentos difíciles durante la adolescencia de sus hijos: una crisis, un año infernal o, en el mejor de los casos, una preocupación constante sobre riesgos y peligros reales. La mayoría de los adolescentes supera los problemas que se les plantean, adquiriendo una mayor madurez y sabiduría. Pero, algunos, no lo lograrán. Es importante que pidamos ayuda profesional, cuanto antes, para que tanto ellos, como nosotros, podamos superar ciertas situaciones difíciles.

“Cómo convivir con hijos adolescentes” se centra en las relaciones entre padres y adolescentes, no en los problemas. Debemos desarrollar una relación cálida, cariñosa y franca con nuestros hijos, si queremos que sean sinceros con nosotros, día a día. La mejor forma de influir en nuestros adolescentes, durante estos años críticos, es a través de nuestra relación con ellos. Cuanto mejor conectemos con ellos, más dispuestos se mostrarán a escucharnos y a tomar en cuenta nuestro punto de vista y nuestros consejos.

La adolescencia es una época de transformaciones, tanto para los padres como para los jóvenes, así como para la relación entre unos y otros. Debemos conceder a los adolescentes libertad y, al mismo tiempo, permanecer en contacto con ellos. Inevitablemente, en algunos momentos nos aferraremos a ellos con demasiada insistencia, y en otros, les concederemos una excesiva y prematura libertad. Deseo enfatizar que nuestra labor como padres, en general, debe cambiarnos. La relación con nuestros niños y adolescentes nos enseñará muchas cosas, y deberemos aprender acerca de nosotros mismos, y cambiar aquello que consideremos necesario.

Nuestros adolescentes necesitan aprender a ser más autónomos, más independientes, y que vayan reforzando su sentido de identidad. Asimismo, necesitan aprender a actuar de forma interdependiente, ya que la realidad es que todos dependemos, hasta cierto punto, unos de otros, en las familias, las escuelas, las comunidades… En la interdependencia, conseguimos unos objetivos más valiosos cuando varias personas interactúan, desde su independencia, para conseguir juntos lo que se proponen.

La relación con nuestros hijos adolescentes evoluciona hacia una relación con hijos adultos. Cuanto más respetemos el derecho de nuestros hijos de tomar sus propias decisiones, en el proceso de convertirse en seres independientes, más nos respetarán en la futura relación con ellos, cuando sean adultos.



Bibliografía:

“Cómo convivir con hijos adolescentes. Permaneciendo en sintonía con ellos y proporcionándoles una verdadera ayuda en sus vidas”,  escrito por Dorothy Law Nolte y Rachel Harris.



To read it in English, please go to the this link:

http://letushaveanicedaytoday.blogspot.com.es/2016/02/teenagers-learn-what-they-live-let-us.html