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viernes, 3 de noviembre de 2017

La flexibilidad contribuye a que los sistemas de pensamiento sean más eficientes



Hace unos días, tuve la oportunidad de leer comentarios interesantes sobre el tema de la sinceridad, en el grupo “Un día con ilusión - Psicología”. En ellos, se decía que no todos entendemos de la misma forma el concepto de sinceridad y llegaban a cuestionar la conveniencia de ser sinceros con los demás y con uno mismo. También, se hacía mención de las dificultades que podemos encontrarnos a la hora de expresar lo que deseamos decir. Así como, de los posibles roces que pueden surgir, cuando la otra persona interpreta nuestras palabras como una agresión o una injerencia  en su vida privada; particularmente, cuando no hemos sido muy afortunados a la hora de trasladar aquello que deseábamos comunicar.

Dicho intercambio de ideas me llevó a pensar en un tema sobre el que escribí en este blog: Los sistemas de pensamiento no deben ser una barrera infranqueable. Allí, me refería a que algunas personas no son conscientes de que, en ocasiones, ese conjunto de creencias personales, que se van desarrollando a lo largo de los años, son un obstáculo tanto para la comunicación como para mantener una relación de forma distendida y eficaz con quienes tienen opiniones bastante diferentes a las nuestras.

Hay momentos en los que parece que estos sistemas de pensamiento tuvieran “secuestrado” nuestro cerebro pensante y actuamos como en piloto automático. Dejamos de razonar, tal como la situación requeriría, para reaccionar de acuerdo a nuestra forma habitual de proceder. No estamos abiertos a información diferente, ni pensamos que podríamos actuar de otra forma. Es algo parecido a lo que nos sucede cuando estamos bajo el influjo de fuertes emociones. En esos momentos somos incapaces de ver la realidad de forma más o menos objetiva.

Podemos advertir la influencia de los sistemas de pensamiento cuando nos fijamos en los problemas que surgen entre dos o más personas que no logran ponerse de acuerdo y ni siquiera son capaces de sentarse a dialogar y a procurar resolver sus dificultades.

Cuando nos referimos a grupos, como la familia, o a gran cantidad de personas, como lo que ocurre con respecto a la política o a la religión, parte de nuestro sistema de pensamiento particular es parcialmente sustituido por una forma de pensar colectiva en la que priman las emociones y se asumen posturas comunes, con cierta tendencia a que cada grupo radicalice sus posturas. Exageran sus ideas hasta tal punto que se hace muy difícil tender puentes para poder entenderse y resolver los problemas que deben afrontarse.

Quiero citar, con su autorización, las palabras que María Rodríguez escribió a raíz de su análisis sobre los sistemas de pensamiento:

“También se podría distinguir las personas rígidas de las flexibles. A las primeras se las ha llamado "mentes de piedra", para ellas hay una sola verdad, la que ellas sostienen. Como todo lo rígido, se quiebran. Las mentes flexibles escuchan otros puntos de vista, los analizan y tienen una apertura mental que los lleva al aprendizaje y a la evolución. El gran problema son los "fanatismos", en estos casos hay que obviar la conversación.”

Me gustó este comentario, pues nos muestra que los individuos poseen diferentes sistemas de pensamiento. No todos tienden a ser estrictos. Muchos, tienen dificultad para adaptarse a los cambios o para comprender el punto de vista de los demás. Las personas con “mentes de piedra” suelen tener roces con otros. Algunos, se alejan por lo difícil que puede ser compaginar y entenderse con ellos. A lo que dice María sobre la rigidez de algunos, la cual origina que terminen por romperse, me permitiría añadir que su conducta hace que otros terminen de igual manera, cuando intentan afrontar los problemas que surgen al relacionarse con este tipo de seres. Igualmente, habla de los fanáticos, sugiriendo que es casi imposible razonar con ellos, por lo que suele ser inútil intentar dialogar sobre los puntos de desencuentro.

La referencia a la flexibilidad es importante, ya que cuánto más abiertos estemos a comprender que cada uno ve la vida de forma diferente, las relaciones se facilitarán y habrá menos sufrimiento. Las personas que son flexibles aprenden de la experiencia y les gusta ampliar sus conocimientos, disfrutan comunicándose con otros y modifican lo que consideran que les causa problemas.

Hay que tener en cuenta que los sistemas de pensamiento se van conformando a lo largo de nuestra vida, de acuerdo a los conocimientos adquiridos y a nuestra forma de responder a lo que nos sucede. Por eso no son estáticos, sino que están en constante transformación. A veces, se modifican de forma inconsciente, haciéndose más rígidos, aunque deberemos tener presente que podemos y necesitamos actuar conscientemente para que sean más flexibles y adaptativos; de manera que nos ayuden a afrontar los retos que la vida nos presente y a mejorar nuestras relaciones interpersonales.





Escrito relacionado:

http://undiaconilusion.blogspot.com.es/2016/10/los-sistemas-de-pensamiento-no-deben.html




Imagen encontrada en Internet,





jueves, 7 de septiembre de 2017

Cuidado con utilizar la generalización excesiva



“Todos los árboles son iguales.”


Aunque, pensaba dejar provisionalmente aparcado el tema de los pensamientos irracionales, quise profundizar en el concepto de las generalizaciones excesivas, ya que frecuentemente escuchamos frases que utilizan este tipo de distorsión cognitiva. Encontramos este tipo de enunciados en los periódicos, en lo que dicen los políticos o los enamorados, en nuestras discusiones y en nuestro diálogo interior.

Suelo protestar, al comprobar que algunas personas cercanas utilizan tales generalizaciones. Cuando me corresponde hablar a mí, intento ser más precisa y procuro matizar mis afirmaciones.

Estaremos utilizando la generalización excesiva cuando, a partir de una experiencia concreta, extraemos una conclusión y la extendemos a un contexto más amplio, sin comprobar su veracidad.

La forma adecuada de proceder sería observar los datos disponibles antes de llegar a formular una conclusión que explique la información que tenemos. Luego, conviene comprobar si eso que pensamos se ajusta a la realidad. Si no es así, debería ser modificado.

Tomamos un acontecimiento, negativo o positivo, que ha ocurrido puntualmente y lo generalizamos, dando por hecho que va a repetirse constantemente. Llegamos, arbitrariamente, a la conclusión de que algo que ocurrió en alguna ocasión volverá a suceder una y otra vez. Así, partiendo de un dato o de una pequeña muestra de la realidad, suponemos que las cosas siempre van a ser iguales.

Si se fracasó una vez, se entiende que nunca saldrán bien nuestros planes.

Si algo salió bien, se cree que siempre será igual.

Si alguien te dice que te quiere mucho, piensas que todo lo que haga será una expresión de amor -aunque haya insultos, prohibiciones, celos y mentiras-.

Veamos un ejemplo que ilustra lo que sucede con la generalización excesiva:

Un joven tímido reunió todas sus fuerzas para pedirle una cita a una bella compañera. Cuando ella le dijo amablemente que no podía salir con él, ese día, porque tenía otro compromiso, aquel se dijo a sí mismo: "Nunca voy a poder salir con una chica.” “Ninguna mujer querrá ser amiga mía.” “Me quedaré absolutamente solo y triste toda la vida.” Haciendo uso de la generalización excesiva, llegó a la conclusión de que, al no haber recibido una respuesta positiva, ella lo rechazaría siempre. Y, puesto que todas las mujeres tienen idénticos gustos, él estaba condenado a ser rechazado por cualquier dama.

Como podemos ver en este ejemplo, parte del dolor que se siente ante lo que se interpreta como un rechazo, es consecuencia de una generalización excesiva. Si no existe ésta, algo que suceda podrá ser decepcionante pero no será demasiado perturbador.

Algunos casos de generalización excesiva:

Un mal paso significa que eres absolutamente incompetente.

Una mesa mal aserrada significa que nunca dominarás la carpintería.

El borrado accidental de un archivo significa que eres un total analfabeto en ordenadores.

La persona que suele hacer generalizaciones excesivas, parte de la creencia de que las mismas son ciertas. Por ello, no se cuestiona si son válidas o de aplicación en todos los casos.

Cómo identificar las generalizaciones excesivas:

Este tipo de pensamiento es muy común y es uno de los más fáciles de identificar o de “cazar”, pues está presente cuando se utilizan términos tan categóricos como: nunca, siempre, todo, cada, ninguno, nadie, ni uno, todo el mundo…

¿Por qué son erróneos o irracionales estos enunciados? Porque, si nos detuviéramos a analizar aquellas frases que se dicen, veríamos que son exageradas, que no existe constancia de que las cosas ocurran precisamente como nosotros afirmamos, o como otros aseguran que se producen. Si encontráramos una sola situación en la que esa regla no tuviere confirmación, todo el planteamiento sería erróneo.

Por otro lado, al utilizar absolutos, se cierran las puertas de la posibilidad, bloqueando el acceso al cambio y al crecimiento personal. Para evitar que esas generalizaciones nos hagan daño, convendría ser más precisos y matizar nuestras afirmaciones.

A continuación, agrego unas refutaciones o rectificaciones para algunas de las generalizaciones excesivas con las que nos podamos encontrar. A ustedes, se les pueden ocurrir otras que sean diferentes. Lo importante es poner en duda la frase original, modificándola por una que sea realista.

“Siempre hago todo mal.” Cambiémoslo: “Hago muchas cosas bien; pero, a veces, cometo errores cuando no estoy concentrado o cuando estoy aprendiendo a hacer algo.”

“Nunca llego puntual al trabajo.” Puede modificarse por: “Normalmente, llego puntualmente a mi trabajo. Sin embargo, esta mañana me dormí y llegué tarde.”

“A nadie le interesa lo que me pueda pasar.” Mejor: “A algunas personas no les importa lo que hago, pero sé que María, Luis y Juan me quieren de verdad y, si me pasa algo, hacen lo posible por ayudarme.”

“Todo el mundo piensa que soy difícil.” Procede sustituir por: “Aun cuando me relaciono sin problemas con mis amigos, José y Adriana, piensan que el trato conmigo es complicado.”  

“Les caigo bien a todos.” Conviene ser más realistas: “Suelo caerle bien a la gente, aunque hay personas con las que no me siento a gusto, como algunos de mis compañeros, en el trabajo.”

“Siempre debo estar alegre y sonriendo.” Mejor, digamos: “Aunque es agradable encontrarme bien y feliz, la realidad es que, en ocasiones, no me encuentro con ganas de esbozar una sonrisa”.





Imagen encontrada en Internet:







martes, 29 de agosto de 2017

Pensamientos que nos llevan a comportamientos extremos





Anteriormente, me referí a los llamados pensamientos irracionales o distorsiones cognitivas, que tanto nos pueden afectar si les prestamos nuestra atención y si consideramos que se ajustan a la realidad. También agregué un listado de los diferentes tipos de pensamientos irracionales para que se fueran familiarizando con cada uno de ellos y pudieran recurrir al mismo, cuando lo necesitaran.

Ahora, pretendo profundizar en algunas de las mencionadas distorsiones cognitivas, con la pretensión de que puedan servirles de ayuda para su identificación y la posterior modificación que quieran, ustedes, realizar.


Pensamiento todo o nada

Este tipo de distorsión es muy común. También se llama pensamiento polarizado, pues se tiende a pensar aplicando categorías extremas. Se utiliza para calificar  situaciones: “ha sido un éxito”, “la representación fue todo un desastre”. También, para evaluarse a ellos mismos y a otros; aunque, tiene la particularidad de que conlleva un juicio de valor o moral.

Algo que parecía estar bien, pasa a estar repentinamente mal, por cualquier motivo. Caso del individuo que se dedica a calificar a las personas de sobrias o borrachas. Para estar en el grupo de los sobrios, no se puede beber ni una copa. Si alguien ha bebido algo, a sus ojos, se convierte en un borracho. Incluso, si se trata de él mismo.

Pensemos en la consideración que unos padres demasiado exigentes pueden otorgar a sus hijos, en lo referente al orden que deben mantener. Ellos entenderán que, absolutamente todas las cosas, deberán estar en su sitio para que sus hijos merezcan la calificación de “niños ordenados”. Pero, si encuentran que han dejado algún objeto, libro o juguete en un lugar que no corresponde, entonces lanzarán expresiones de rechazo y sus hijos pasarán a ser catalogados como “unos niños sumamente desordenados”.

El pensamiento todo o nada, no es realista. Creer que todo debe ser irremisiblemente bueno, para que sea válido, es irreal. Una persona no es categóricamente brillante ni plenamente tonta. De igual modo, nadie es del todo atractivo ni irremediablemente feo. Ni algo está inmaculadamente limpio o deplorablemente sucio.

Esta forma de pensamiento constituye la base del perfeccionismo. Todo debe ser perfecto, de lo contrario es un fracaso. Los individuos con tendencia a razonar, a partir de esta modalidad de pensamiento distorsionado, no pueden soportar la idea de cometer alguna equivocación, por insignificante que sea. Si esto ocurre, se desmoralizan pensando que ha sido inútil todo lo bueno que han hecho hasta el momento. Temen cometer cualquier error o imperfección porque, entonces, se considerarán unos absolutos perdedores, sintiéndose que no sirven para nada. Parten de unas expectativas exageradas, lo que les lleva a sentirse constantemente desilusionados y a convencerse de que todo lo que hacen es un fracaso, ya que la realidad rara vez coincide con lo que ellos imaginan o esperan.

Los absolutos no existen en este universo. Si se pretende encajar a la fuerza las experiencias o las características personales de acuerdo a categorías absolutas, se  estará constantemente deprimido o disgustado. Lo único que se conseguirá será desacreditarse continuamente porque, se haga lo que se haga, nunca se satisfarán las exageradas expectativas.

En referencia a otras personas o a las situaciones, ante cualquier cosa que salga mal o que no le guste, ya sea algo grande o pequeño, considera que todo es un desastre o "borra" a la otra persona de su lista, viéndola sólo con características negativas a raíz del más mínimo fallo.

Para mejorar con respecto a este error de nuestro pensamiento, conviene ver que en la vida hay matices. Pocas veces las cosas son totalmente de una manera o de otra. Hay muchos puntos intermedios. Si hemos cometido uno o dos errores en un examen, no significa que seamos un fracaso; podemos centrarnos en lo que hemos hecho bien.

Si te reprochas:

“Todo me sale mal”, puedes decirte a ti mismo: “No es verdad. Normalmente hago muchas cosas bien, aunque me cuesta aprender nuevas tareas.”

“No sirves para nada”. Sustituirlo por: “A diario hago multitud de cosas. La mayoría las sé hacer correctamente.”

“Si no gano la beca de estudios, arruinaré por completo mi futuro”. Pensemos: “Ganar la beca, no sólo depende de mí. Si no me dan la beca, tendré que ver qué haré a continuación. Si sigo con los estudios, si me pongo a trabajar o si hay otras alternativas.”

“Si no puedes estar divertido y animado eres un aburrimiento total.” Puedes decirte: “Todos tenemos días en los que estamos más alegres y momentos en los que estamos tranquilos, pero, no damos saltos de alegría; incluso, podemos estar tristes o preocupados. Eso no te convierte en alguien aburrido.”

“Si no puedo estar tranquila, soy una histérica.” Cambiémoslo: “Hay momentos en los que no podemos estar tranquilos, pero ya pasarán, y volveré a encontrarme en paz y relajada”.

A veces, se formula sólo la mitad de la dicotomía y se considera implícita la otra mitad:

“Sólo hay una forma correcta de vivir (y todas las demás son malas)”.

“Ésta es mi gran oportunidad para una buena relación (y si la pierdo, me quedaré solo)”.

Para no hacer excesivamente pesado el presente escrito, desarrollaré, en breve, algunas de las más habituales distorsiones cognitivas.





Bibliografía:

BURNS,  David, Sentirse bien, Ed. Paidós, Barcelona.

GAJA JAUMEANDREU, Raimon., Bienestar, autoestima y felicidad. Ed: Plaza & Janés, Barcelona.

McKAY, Matthew y FANNING,  Patrick: Autoestima, evaluación y mejora. Ediciones Martínez Roca, S.A., Barcelona.





Imagen, encontrada en internet, bolas.jpg, en:




Escritos anteriores sobre pensamientos irracionales, en este blog:


Diferentes tipos de pensamientos irracionales (Guardado en “Diferentes temas tratados en el blog”)
  




domingo, 27 de agosto de 2017

A cuestas con nuestros pensamientos irracionales





Con el pensamiento, ocurre algo curioso. Sin darnos cuenta, otorgamos el mismo nivel de credibilidad, tanto a nuestras reflexiones serenas y razonadas, como a cualquier otro tipo de divagación. Nos creemos al pie de la letra todo lo que pasa por nuestra cabeza, al considerar que esos pensamientos espontáneos son “reales”, indiscutibles y veraces.

Desearía centrarme en esa parte más autónoma e involuntaria del funcionamiento de nuestro cerebro, que está produciendo constantemente un gran número de contenidos, a lo largo del día. Muy a menudo, nos encontramos en modo de piloto automático, generando muchos pensamientos, aunque, apenas nos damos cuenta de unos pocos. Suelen condensar el mensaje en tan pocas palabras,  que son  más cortos que un tuit. Muy parecidos a una descarga eléctrica en nuestra corteza cerebral. Pueden ser positivos (“soy el mejor”, “María es genial”),  negativos (“soy torpe”, “Juan es un imbécil”, “nadie me quiere”)  o neutros (“ni frío ni calor”, “no importa”),  útiles o inútiles, benignos o dañinos e influirán en nuestras emociones y en nuestros estados de ánimo, según la importancia y la atención que les otorguemos.

La tendencia a centrarse en lo que molesta, en lo que duele o en lo que irrita, puede contribuir a que algunas personas tengan síntomas de ansiedad, depresión o dificultades en las relaciones interpersonales. Otras veces, como en el enamoramiento, o en la euforia por algo que nos agrada mucho, seremos poco objetivos; porque, nos centraremos únicamente en una parte de la realidad.

Se les conoce como pensamientos irracionales o distorsiones cognitivas. El problema no es que existan, ya que no podemos evitar que la mente los produzca. Lo que nos hará daño es que no seamos conscientes de su existencia, que no veamos que están distorsionando nuestra vida, que afectan a nuestras relaciones y que nos impiden razonar de forma adecuada. Que creamos lo que nos decimos a nosotros mismos con esos pensamientos y que permitamos que influyan en nuestra forma de ver la realidad. Estas distorsiones cognitivas sólo tienen poder sobre nuestro comportamiento y nuestro humor cuando les prestamos atención y asumimos que son verdaderas y fiables. Si dejáramos pasar esos pensamientos sin darles importancia, no llegarían a afectarnos, o lo harían levemente y por poco tiempo.

Las distorsiones pueden referirse a nosotros mismos o a los demás. Influyen directamente en nuestras emociones y en nuestros estados de ánimo, en cómo vemos a las demás personas y al mundo en general. Las utilizamos en nuestra vida ordinaria, cuando hablamos sobre un tema, cuando defendemos nuestras opiniones sobre algo y cuando escribimos. También, podemos detectarlas en el lenguaje que utilizan los demás y nos sorprenderíamos al constatar las veces que encontramos estas distorsiones en los periódicos, la televisión o en algunas conversaciones.

Son errores muy sutiles y están muy arraigados en nosotros, llegando a parecernos que son algo natural. No solemos darnos cuenta de que los estamos utilizando, ni los detectamos en los demás. Ese uso inconsciente termina haciéndonos daño o produciendo roces e incomprensiones en nuestra relación con otras personas.

Estos pensamientos irracionales son utilizados por nosotros en diferentes momentos de nuestra vida. Tendemos a utilizar algunos o a “especializarnos” en ellos, mientras que pocas veces usaremos otros.

Lo primero que conviene hacer, con las distorsiones cognitivas, es darnos cuenta de que las estamos utilizando y aprender a detectarlas o a “cazarlas”. Cuando hayamos identificado varios pensamientos irracionales, nos detendremos a revisarlos, uno por uno, determinando a qué tipo de pensamiento irracional pertenecen.

A continuación, les adjunto un pequeño extracto de los pensamientos irracionales más habituales, los cuales tienen una gran influencia sobre nuestra autoestima y sobre nuestra forma de ver a las demás personas o al mundo en general. El presente resumen puede ser un buen punto de partida para proceder a una identificación inicial de los mismos:

Generalización excesiva: a partir de un hecho aislado, positivo o negativo, se hace una regla general y universal. Si se fracasó una vez, se entiende que siempre se fracasará. Si algo salió bien, se cree que siempre será igual. Utiliza términos como nunca, siempre, todo, cada, ninguno, nadie, ni uno, todos, todo el mundo.

Designación global o etiquetación errónea: se utilizan automáticamente denominaciones peyorativas, en forma de etiquetas, para referirse a uno mismo o a los demás, en vez de describir con exactitud las cualidades de cada cual. Supone la aplicación de etiquetas estereotipadas a clases enteras de personas, cosas, conductas y experiencias. Se utilizan frases como “soy un fracasado”, “es un farsante”, “mis esfuerzos son inútiles”.

Filtro mental: se atiende selectivamente a lo negativo, o a lo positivo, y se ignora  el resto de la información. Es como si la información se viera con unas lentes de color oscuro o rosa.

Pensamiento polarizado: también conocido como todo o nada, se caracteriza por llevar las cosas a sus extremos. Se ven las situaciones y las características personales  en términos absolutos y radicalmente opuestos, sin un término medio. Blanco o negro, bien o mal, héroe o villano, borracho o sobrio. Tiene que ser perfecto o, de lo contrario, no vale nada.

Autoacusación: se inculpa de todos los fallos, de ser tosco, perezoso, descentrado, incompetente o cualquier otra cosa, aunque no sea responsable de ello. Se culpa de cosas que sólo marginalmente están bajo su control, como su mala salud o la forma de reaccionar de los demás. Si la autoinculpación es un hábito profundamente arraigado, puede hallarse incluso responsable de cosas que obviamente no están bajo su control, como el tiempo, los horarios de vuelo, etc.

Personalización: se supone que todo tiene algo que ver con uno mismo y se compara negativamente con los otros. Se considera el causante de algún hecho negativo externo, del cual, en realidad, no ha sido básicamente responsable.

Conclusiones apresuradas: comportan una interpretación positiva o negativa, aunque no existan hechos definidos que fundamenten dicha conclusión. Pueden tomar la forma de:

-Lectura del pensamiento: decide arbitrariamente que alguien está reaccionando de modo negativo con respecto a uno y no se toma la molestia de averiguar si es así. Puede suponer que no gusta a los demás, que no se interesan por él; sin que existan evidencias reales de que sus suposiciones sean correctas.

-El error del adivino: considera que las cosas resultarán mal y está convencido de que su predicción es un hecho inamovible.

Descalificación de lo positivo: se rechazan las experiencias positivas, insistiendo en que “no cuentan”, por una u otra razón. De este modo, puede mantener una creencia negativa que se contradice con sus experiencias cotidianas.

Enunciación “debería”: trata de motivarse con “deberías” y “no deberías”, como si tuvieran que azotarle y castigarle antes de esperar que haga algo. La consecuencia emocional es la culpa. Al dirigir este tipo de declaraciones hacia los demás, puede sentir irritación, frustración y resentimiento, cuando no hacen lo que él considera que sería preciso que hicieran.

Magnificación o minimización: exagera o reduce la importancia de alguna situación, de un hecho o de ciertas características. Es el llamado “truco de los binoculares”, que amplifica sus propios méritos y reduce sus defectos, haciendo lo opuesto con los de los demás. Pero, en otras ocasiones, lleva a término esta operación justamente a la inversa.

Falacias de control: pueden darse en forma de control excesivo, cuando cree que tiene una gran responsabilidad acerca de todo o de todos; o bien, puede pensar que tiene poco o ningún control sobre lo que sucede, que es una víctima desamparada.

Razonamiento emocional: supone que las emociones que siente, sean positivas o negativas, reflejan necesariamente lo que son las cosas en la realidad.

Después de identificar cuáles son los errores más frecuentes en nuestra forma de pensar, procederemos a corregir cada uno de nuestros planteamientos irracionales, contraponiendo un pensamiento más realista, para reemplazar el primero. Refutaremos las ideaciones automáticas, buscando un razonamiento más acertado, más real y más veraz.

Con el transcurso del tiempo y con la práctica, dejaremos de darle importancia a pensamientos que nos hacen daño. En lugar de aceptar cualquier planteamiento que nos surja de forma casi espontánea, será conveniente que hagamos uso de nuestra mente racional para determinar el grado de veracidad de esos planteamientos irreflexivos y proponer otros que sean más realistas. Llegará un momento en el que fácilmente podremos identificar aquellos pensamientos irracionales que estén afectando y distorsionando la forma de ver la realidad interna y externa.

Como veremos en otro momento, si nos damos cuenta de que nuestro estado de ánimo ha cambiado de repente y no sabemos por qué, será conveniente examinar y poner por escrito lo que habíamos estado pensando antes. Seguramente encontraremos que nos creímos, a pies juntillas, lo que nuestra mente nos decía.



Nota: Si quieres ver el listado de los Diferentes tipos de pensamientos irracionales, accede mediante el siguiente enlace:





Bibliografía:

BURNS,  David, Sentirse bien, Ed. Paidós, Barcelona.

GAJA JAUMEANDREU, Raimon., Bienestar, autoestima y felicidad. Ed: Plaza & Janés, Barcelona.

McKAY, Matthew y FANNING,  Patrick: Autoestima, evaluación y mejora. Ediciones Martínez Roca, S.A., Barcelona.



Imagen encontrada por Internet: seasonal-affective-disorder-depression



domingo, 9 de julio de 2017

La utilización deliberada del azar: una técnica de pensamiento lateral



Mientras que, con frecuencia, la creatividad, la perspicacia, la intuición, el ingenio y el humor hacen su aparición de forma espontánea, o nosotros no somos conscientes de cómo se ha llegado a esos resultados, el pensamiento lateral es utilizado de manera intencional. Se trata de una forma de aplicar la mente a un tema o problema dado, reestructurando la información disponible a partir de nuevos enfoques o utilizando ciertas técnicas que nos ayudarán a obtener resultados novedosos.

La utilización del azar es una técnica de pensamiento lateral, propuesta por Edward De Bono, que emplea toda clase de información; tanto la próxima, como la que pueda parecer ajena al problema. En ocasiones, cuanto menos tenga en común con la situación sobre la que estemos trabajando, más efectiva será.

Los estímulos aleatorios pueden encontrarse mediante la exposición a los mismos o por un deliberado proceso de selección.

A continuación, se indican algunas formas de estimulación al azar por exposición:

Aceptación de estímulos al azar. En lugar de excluir la información que parece no tener que ver con el tema sobre el cual estamos trabajando, se la utiliza para ver lo que nos puede aportar para solucionar el problema.

Exposición a las ideas de otros. En una reunión, lo que se haya expuesto por alguno de los participantes sirve de estímulo para extraer otras ideas que pueden llegar a ser muy distintas de las inicialmente planteadas. Escuchar otros puntos de vista, aun cuando no se esté de acuerdo con ellos, puede proporcionarnos el necesario estímulo creativo.

Exposición a las ideas provenientes de ámbitos completamente diferentes. Leer sobre otros temas o conversar con personas que se dedican a campos distintos al nuestro, puede servir de estímulo para conseguir una idea novedosa o darnos cuenta de otros puntos de vista sobre el tema que está ocupando nuestra atención.

Exposición física a estímulos aleatorios. Puede suceder al dar un paseo por un lugar en el que se hallen multitud de diferentes objetos, como unos grandes almacenes o una tienda de juguetes. O al asistir a una feria comercial o industrial, en la que se exponen géneros que nada tienen que ver con el asunto sobre el que estamos trabajando.

La efectividad de este método exige la plena consciencia de que no se busca nada en concreto. No deseamos encontrar objeto alguno que tenga relación con el tema, ni tenemos la intención de discutir el problema con ninguna otra persona para ver cuáles son sus opiniones al respecto.
 
Ahora, procede que nos adentremos en el deliberado proceso de selección  del estímulo aleatorio:

(Antes, me parece oportuno puntualizar que, a causa del carácter pasivo de la atención, aun cuando no se busque nada relacionado con el tema que se esté manejando, se tiende a tener en cuenta aquellas ideas u objetos que presenten algo en común con el asunto en cuestión. Inconscientemente, se escoge lo que esté relacionado con nuestro objeto de pensamiento y se desecha cualquier información que parezca diferir o que guarde poca relación con lo que estamos estudiando. Para sustraerse a esa tendencia natural de la atención se puede elegir de forma deliberada algún estímulo aleatorio.)

La selección de un libro utilizando algún criterio establecido de antemano. Por ejemplo, según el sitio que ocupa en la biblioteca: “el tercer ejemplar de la estantería superior, de derecha a izquierda”. En función del tipo de encuadernación, ya sea en tela, piel o papel. O por la materia, Geografía, Historia, Literatura. Una vez obre en nuestras manos, abrimos el libro del que se trate y leemos aleatoriamente cualquier página o el primer artículo que encontremos.
   
La elección formal de algún objeto de las inmediaciones. Por ejemplo, el objeto rojo más cercano, el primer objeto que encontremos a la derecha, el tercer juguete que encontremos al introducir la mano en un cesto.

El uso de un diccionario para elegir una palabra al azar. Es un procedimiento de fácil aplicación. Para que el estímulo sea realmente casual, se eligen de antemano un número de página y otro número para la selección de la palabra en dicha página. O bien, se escoge sólo este segundo número y se abre el diccionario por la primera página que salga. Lo que no debe hacerse es abrir el diccionario y buscar una palabra que nos guste. Ello anularía el carácter casual del estímulo y la efectividad del intento.

Los sustantivos son más fáciles de utilizar que los adjetivos, los adverbios o los verbos, por lo que uno continúa hacia abajo hasta que encuentre el primer sustantivo, que será nuestro estímulo al azar. No se debe escoger más de un sustantivo por sesión. Aunque la palabra escogida nos parezca difícil o irrelevante, debemos permanecer con ella. Si la desecháramos y escogiéramos otra, empezaría a funcionar nuestra voluntad y dejaría de ser algo aleatorio. De Bono afirma que las mejores ideas suelen surgir de las palabras poco prometedoras, aquellas que estamos tentados a rechazar.

A continuación, se relaciona la palabra encontrada con el tema sobre el que deseamos obtener nuevas ideas y se anotan las diferentes sugerencias que se nos puedan ocurrir, sin cuestionarlas ni profundizar en ellas, por el momento. Se pueden utilizar la definición, las diferentes acepciones de la palabra elegida al azar, los sinónimos, los antónimos, palabras derivadas o relacionadas con ella o cualquier cosa que nos sugiera, como una canción, una metáfora... No existe una manera correcta de utilizar el término que escogemos. Se tiene en cuenta solamente como estímulo para nuestro pensamiento.

Una vez encontrada, prestaremos atención a la palabra aleatoria y a nuestra situación problemática. Poco a poco, irá apareciendo algún vínculo entre ellas e iremos generando ideas en todas las posibles direcciones. Al igual que sucede con otras técnicas propuestas por el autor, si hemos desarrollado habilidad en su manejo, tres minutos podrá ser un tiempo adecuando para relacionar cualquier problema con una palabra al azar. Para quienes comiencen, pueden intentarlo durante cinco minutos, procurando encontrar las conexiones que se nos ocurran entre el sustantivo y el problema. Si pareciera que cuesta encontrar esos enlaces, se podría alargar hasta un máximo de diez minutos, ya que si se prolongara más podría ser aburrido y se perdería efectividad en la utilización de esta técnica. Sería mejor utilizar otra técnica de pensamiento lateral y, en otra oportunidad, se puede buscar una nueva palabra al azar.
  


Bibliografía:

DE BONO, Edward: “El pensamiento lateral”, Ediciones Paidós.

DE BONO, Edward: “Lateral Thinking for Management”, Penguin Books.



Imagen encontrada en Internet, modificada para el blog.




sábado, 24 de junio de 2017

El azar y la necesidad de control: los beneficios de estar abiertos a lo imprevisto



Quisiera referirme a la aparición del azar, como contrapunto al deseo y a la necesidad de comprender y tener bajo control lo que nos ocurre; incluso, aquello que pueda suceder a otras personas.

Mientras revisaba algunos de los escritos que he ido compartiendo a lo largo de los últimos años, era cada vez más consciente de que había publicado textos similares, en repetidas ocasiones, lo cual, me llamaba mucho la atención. Parecía que se tratase de mensajes que conviniera tener siempre presentes y sobre los que fuese necesario profundizar, de vez en cuando.

El denominador común de la mayoría de ellos era que contenían experiencias que se repiten una y otra vez, hasta que somos capaces de extraer las enseñanzas que necesitamos para poder seguir avanzando en la cumplimentación de nuestros objetivos.

Porque, el azar, aparece de la manera más insospechada, sin hacer ningún ruido ni darse la más mínima importancia. Como podría ser el hecho de escoger un libro, para cuya elección se siguen criterios aleatorios, cuando no absolutamente caprichosos. Eso fue lo que me ocurrió, hace poco, cuando estaba buscando uno que fuera liviano, para llevarlo en mi bolso y leerlo, mientras fuera en el autobús. Curiosamente, no escogí el libro por su título, por el autor o por la temática que tratara. La obra de Joaquín Lorente, “Piensa, es gratis” estaba en mi librería y no la había leído; a pesar de que hubiesen transcurrido unos seis años, desde que me la regalaran. Había estado hojeando el libro en un par de ocasiones y lo había dejado en el mismo lugar de la biblioteca. Pareciera que algunas obras se resistiesen a ser leídas. Hasta que les llega el día preciso, aquel en el que recibes con gusto la información que el autor ha querido compartir con sus lectores.

Para mi sorpresa, encontré que Lorente, en uno de los capítulos de su obra, hacía referencia al azar, tema sobre el cual yo he venido escribiendo; intentando poner de relieve las casualidades y las cosas que suceden en un momento, y no en otro.

Es la estrella que se cruza en nuestro camino aunque, en ocasiones, nos pase inadvertida. Puede ocurrir porque hay momentos en los que no estamos en las mejores condiciones de sacar provecho de lo que se nos presenta, de forma accidental. Quizás, porque nos agrade tener una vida bastante ordenada, que deje poca cabida a lo que, gracias al azar, llega a nosotros. Si no logramos relacionar, con nuestro propio quehacer, aquello que ocurre por casualidad, la mayoría de las oportunidades pasarán de largo, sin llegar a suponer una  experiencia enriquecedora.

El autor se pregunta: “¿Qué es el azar?” Y, al propio tiempo, se contesta: “Es la conexión inesperada. Y toda conexión contiene y arrastra hechos y circunstancias que, a su vez, conectadas con las nuestras, abren nuevos espacios, posibilidades, conflictos u oportunidades.”

Con el fin de poder utilizar el potencial que el azar puede ofrecernos, podemos entrenar nuestra mente para descubrir la riqueza que, lo eventual, puede traer a nuestra vida o a nuestra labor profesional: conseguir que podamos estar abiertos hacia lo imprevisto y hacia lo que había pasado inadvertido.

Es una actitud muy diferente a la que mostramos cuando nos aferramos a la necesidad de controlar o de hallar una explicación lógica a lo que ocurre, deseando captar aquello cuya comprensión se escapa de nuestras manos. Nos sorprenderemos haciendo gala de nuestra imaginación para relacionar los hechos, los pensamientos y las emociones desde diferentes puntos de vista, aunque los esfuerzos invertidos no den los frutos esperados.

Hasta que llega un momento en el que decidimos rendirnos y aceptar que algunas cosas son como son y que es mejor no seguir hurgando en ellas. Dejamos a un lado la necesidad de control, la inseguridad que nos produce el no disponer de toda la información que desearíamos tener y dejamos de rebelarnos contra lo que no es de nuestro agrado ni se corresponde con nuestras expectativas.

Cuando nos rendimos a la evidencia de que no podemos seguir intentando comprender lo que acontece, poco a poco, nos encontraremos más tranquilos y relajados. Ese estado mental de mayor apertura y serenidad nos permitirá ver lo que antes permanecía oculto. Encontraremos lo que estaba frente a nosotros pero no deseábamos reconocer. Comenzaremos a descubrir conexiones en aquello que no parecía tener ninguna relación con nosotros.

Así, nos daremos cuenta que estábamos equivocados en algunas de nuestras apreciaciones y en las conclusiones a las que habíamos llegado. Nuestra mente estará abierta a nueva información, la cual, nos llevará a explorar caminos desconocidos para nosotros. El azar tomará parte en todo ello, por lo que sería deseable que nos tuviera a nosotros como aliados y no como seres que rechazan cualquier intromisión en su forma acostumbrada de pensar o de obrar.

No actuemos como esas personas que invierten gran parte de su vida en tener todo bien atado, en saber cómo son y en construirse a sí mismos de acuerdo a como ellos piensan que debe ser su vida, siguiendo las pautas que han recibido de sus familiares y educadores. Les será difícil aceptar los imprevistos y, por ello, en caso de presentarse, procurarán volver rápidamente a su proyecto de vida, aceptando las interrupciones sólo como un paréntesis que debe ser ignorado.

Cuando estamos abiertos al azar, a la casualidad, a los accidentes, procuraremos averiguar hacia dónde pueden conducirnos, qué nos están mostrando, cuáles son esos conceptos que convendría que nos replanteáramos. Estaremos abriéndonos al poder que la creatividad tiene en nuestras vidas. Encontraremos nuevas explicaciones a lo ya acaecido, hallaremos relaciones y conexiones entre elementos dispares o alejados en el tiempo, nos abriremos a lo que nos puedan aportar otras personas, aunque sus posturas sean diferentes a las nuestras.

Transitaremos por caminos desconocidos, que, con anterioridad, ni siquiera sabíamos que existían. No seremos reverentes con el conocimiento que proviene de otros, ya que antes de aceptarlo procuraremos evaluarlo, decidiendo si estamos de acuerdo con lo que de ellos recibimos o si deseamos expresar lo que nosotros pensamos al respecto.

Nos atreveremos a ver qué pasaría si juntásemos las piezas de otra forma o si pospusiéramos la toma de una decisión hasta ver la información con mayor amplitud, teniendo en cuenta los hechos, las opiniones, lo novedoso, lo posible, lo creativo, lo negativo, lo positivo o los interrogantes que ello nos suscita.




Bibliografía:

LORENTE, Joaquín: “Piensa, es gratis”. Editorial Planeta, Barcelona, 2009.




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