Cuando alguien siente un permanente vacío en su interior, puede pasarse parte de su vida esperando de otros la atención y el afecto que necesita, pretendiendo que otras personas llenen sus carencias.Es necesario cuidarse y quererse, siendo conscientes de que no es conveniente esperar de los demás aquello que solamente uno puede proporcionarse. Aunque al principio cueste admitirlo, nadie, absolutamente nadie, puede aportarle a uno aquello que no es capaz de darse a sí mismo.La realidad es esa, pero, se distorsiona con frecuencia. Se quiere creer que las demás personas son mucho más felices, que nuestros problemas son mayores que los de los otros, que nadie sufre tanto como uno mismo. A estas personas les parece que “los demás” disfrutan de una vida mejor que la suya, que tienen menos dificultades, o que los problemas que afrontan son mucho menores que los nuestros. Piensan que, normalmente, ellos se llevan la peor parte.Al comparar la propia familia con la de otras personas conocidas, a veces desearían que la suya fuera como la de ellos. Es una visión reducida, ya que sólo se detienen a contemplar a aquellos grupos familiares que se relacionan como ellos hubiesen querido: siendo cariñosos entre ellos, ocupándose de ayudar a sus hijos cuando es necesario, respetando la libertad de sus miembros, alentándoles en sus aficiones, permitiéndoles discurrir por caminos profesionales escogidos por cada uno… Aunque tengan bastante relación con esas familias, no son uno de ellos, no han vivido lo que ellos han vivido. Verán los hechos desde fuera, desde su particular visión del mundo, con sus cegueras y desde sus propias necesidades no satisfechas. Se les olvida que las demás familias, en mayor o menor medida, también tienen problemas y conflictos.A menudo, las comparaciones se hacen con algunas personas. Se puede querer tener una existencia parecida a la de alguien, la cual, desde el exterior, es vista como poseedora de unas ventajas o prerrogativas de las que no hemos podido disfrutar. Es como consecuencia de magnificar algunas cosas positivas de los demás y minimizar las negativas; mientras que se hace lo contrario con la propia vida, al agrandar nuestros problemas o nuestros defectos, infravalorando nuestros logros y los éxitos que hayamos podido alcanzar. Si contempláramos con detenimiento la vida de otras personas, nos encontraríamos con sus luces y sus sombras, puesto que, cada uno de nosotros tiene sus propios retos, dificultades que afrontar y lecciones que aprender.Si alguien encuentra que sus relaciones con otras personas no se corresponden con lo que era su deseo, es recomendable que averigüe lo que pueda estar fallando en sí mismo y en sus expectativas con respecto a los demás. De alguna forma, está dependiendo de otros, de sus opiniones, de sus cuidados y de su compañía. Conviene que cada uno se ocupe más de sus propios asuntos y que aprenda a resolver los problemas que se le vayan presentando.La mayoría de las personas se encuentran con ciertas dificultades a la hora de relacionarse con los demás. Es muy probable que se hayan sentido incómodas, poco comprendidas, e incluso, heridas en sus sentimientos. Han creído que no eran merecedoras de la indiferencia, de la agresividad o del dolor que el intercambio con esas personas les ha producido. Lo importante y lo deseable sería aprender a superar todos esos inconvenientes; procurar verlos desde una nueva perspectiva y dejar de sentirse heridos y maltratados.Cuando un individuo se encuentra bien consigo mismo, se valora y se cuida. Toma decisiones que le hacen llevar las riendas de su existencia, mejorando aquellos aspectos con los que no esté a gusto. Valora a aquellas personas que hacen que su vida sea más agradable, que le aceptan y quieren como es, con las que tiene puntos en común. También, será prudente alejarse de aquellos seres con quienes no es feliz, de quienes le critican constantemente y parecen no ver nada positivo en él, sino un defecto tras otro.Bibliografía:LADISH, Lorraine C., “Aprender a querer. Hacia la superación de la codependencia”. Ediciones Pirámide, Madrid.
Artículos y mensajes que ayuden a reflexionar sobre la vida, las relaciones interpersonales, familia, pareja, psicología, pensamiento, creatividad...
domingo, 12 de noviembre de 2017
Las relaciones que mantenemos con los demás son un reflejo de la que cada uno tiene consigo mismo
viernes, 3 de noviembre de 2017
La flexibilidad contribuye a que los sistemas de pensamiento sean más eficientes
Hace unos días, tuve la oportunidad de leer comentarios interesantes sobre el tema de la sinceridad, en el grupo “Un día con ilusión - Psicología”. En ellos, se decía que no todos entendemos de la misma forma el concepto de sinceridad y llegaban a cuestionar la conveniencia de ser sinceros con los demás y con uno mismo. También, se hacía mención de las dificultades que podemos encontrarnos a la hora de expresar lo que deseamos decir. Así como, de los posibles roces que pueden surgir, cuando la otra persona interpreta nuestras palabras como una agresión o una injerencia en su vida privada; particularmente, cuando no hemos sido muy afortunados a la hora de trasladar aquello que deseábamos comunicar.Dicho intercambio de ideas me llevó a pensar en un tema sobre el que escribí en este blog: Los sistemas de pensamiento no deben ser una barrera infranqueable. Allí, me refería a que algunas personas no son conscientes de que, en ocasiones, ese conjunto de creencias personales, que se van desarrollando a lo largo de los años, son un obstáculo tanto para la comunicación como para mantener una relación de forma distendida y eficaz con quienes tienen opiniones bastante diferentes a las nuestras.Hay momentos en los que parece que estos sistemas de pensamiento tuvieran “secuestrado” nuestro cerebro pensante y actuamos como en piloto automático. Dejamos de razonar, tal como la situación requeriría, para reaccionar de acuerdo a nuestra forma habitual de proceder. No estamos abiertos a información diferente, ni pensamos que podríamos actuar de otra forma. Es algo parecido a lo que nos sucede cuando estamos bajo el influjo de fuertes emociones. En esos momentos somos incapaces de ver la realidad de forma más o menos objetiva.Podemos advertir la influencia de los sistemas de pensamiento cuando nos fijamos en los problemas que surgen entre dos o más personas que no logran ponerse de acuerdo y ni siquiera son capaces de sentarse a dialogar y a procurar resolver sus dificultades.Cuando nos referimos a grupos, como la familia, o a gran cantidad de personas, como lo que ocurre con respecto a la política o a la religión, parte de nuestro sistema de pensamiento particular es parcialmente sustituido por una forma de pensar colectiva en la que priman las emociones y se asumen posturas comunes, con cierta tendencia a que cada grupo radicalice sus posturas. Exageran sus ideas hasta tal punto que se hace muy difícil tender puentes para poder entenderse y resolver los problemas que deben afrontarse.Quiero citar, con su autorización, las palabras que María Rodríguez escribió a raíz de su análisis sobre los sistemas de pensamiento:“También se podría distinguir las personas rígidas de las flexibles. A las primeras se las ha llamado "mentes de piedra", para ellas hay una sola verdad, la que ellas sostienen. Como todo lo rígido, se quiebran. Las mentes flexibles escuchan otros puntos de vista, los analizan y tienen una apertura mental que los lleva al aprendizaje y a la evolución. El gran problema son los "fanatismos", en estos casos hay que obviar la conversación.”Me gustó este comentario, pues nos muestra que los individuos poseen diferentes sistemas de pensamiento. No todos tienden a ser estrictos. Muchos, tienen dificultad para adaptarse a los cambios o para comprender el punto de vista de los demás. Las personas con “mentes de piedra” suelen tener roces con otros. Algunos, se alejan por lo difícil que puede ser compaginar y entenderse con ellos. A lo que dice María sobre la rigidez de algunos, la cual origina que terminen por romperse, me permitiría añadir que su conducta hace que otros terminen de igual manera, cuando intentan afrontar los problemas que surgen al relacionarse con este tipo de seres. Igualmente, habla de los fanáticos, sugiriendo que es casi imposible razonar con ellos, por lo que suele ser inútil intentar dialogar sobre los puntos de desencuentro.La referencia a la flexibilidad es importante, ya que cuánto más abiertos estemos a comprender que cada uno ve la vida de forma diferente, las relaciones se facilitarán y habrá menos sufrimiento. Las personas que son flexibles aprenden de la experiencia y les gusta ampliar sus conocimientos, disfrutan comunicándose con otros y modifican lo que consideran que les causa problemas.Hay que tener en cuenta que los sistemas de pensamiento se van conformando a lo largo de nuestra vida, de acuerdo a los conocimientos adquiridos y a nuestra forma de responder a lo que nos sucede. Por eso no son estáticos, sino que están en constante transformación. A veces, se modifican de forma inconsciente, haciéndose más rígidos, aunque deberemos tener presente que podemos y necesitamos actuar conscientemente para que sean más flexibles y adaptativos; de manera que nos ayuden a afrontar los retos que la vida nos presente y a mejorar nuestras relaciones interpersonales.Escrito relacionado:
http://undiaconilusion.blogspot.com.es/2016/10/los-sistemas-de-pensamiento-no-deben.html
Imagen encontrada en Internet,
domingo, 22 de octubre de 2017
Si los adolescentes sienten que pueden confiar en nosotros, aprenden a decirnos la verdad
Me refiero, en este escrito, a un tema que es clave en la relación con nuestros hijos y que cobra todavía más relevancia cuando son adolescentes: la confianza mutua.Es importante tener en cuenta que esa confianza no surge de repente, sino que es preciso ir construyéndola, poco a poco, desde que los niños son pequeños. Que sea una confianza real y no una mera apariencia. Que ellos sientan que se respeta su libertad y su criterio para responder adecuadamente ante los desafíos que se les presenten. Que sepan que estaremos a su lado para apoyarles y para ayudarles a que reflexionen sobre el camino a seguir, aunque, los responsables de la toma de decisiones serán ellos mismos.Será más fácil afrontar los años de la adolescencia, si se ha logrado crear y mantener una relación de confianza mutua, gracias a la cual, nuestros hijos nos otorguen la consideración de personas cercanas, a las cuales, puedan contar lo que les suceda.Algunos padres creen que deben fijar férreas directivas a sus hijos, hasta que estos no hayan alcanzado los doce o trece años y que tan sólo podrán empezar a darles más libertad, una vez hayan superado la pubertad. Creo que si actúan así, llegarán tarde. Yo soy partidaria de que vayamos educándoles, desde que son pequeños, de manera que cada vez puedan ser más autónomos y responsables de lo que hacen. De paso, nos servirá de entreno para ese período de la vida humana más complicado, que precede a la juventud.Nuestros hijos harán las actividades típicas de los chicos de su edad. Es posible que ello nos dé tanto miedo, que deseemos aumentar notablemente la vigilancia, las precauciones, las críticas, las charlas, los monólogos e, incluso, los castigos. Si esa es nuestra forma de proceder, haremos que nuestros hijos se alejen, que no confíen en nosotros, que nos oculten algunas cosas o que encuentren que no tienen más alternativa que mentirnos.Hemos de aprender a confiar en ellos. Procurar actuar de tal manera, que lleguen a querer contarnos la verdad sobre lo que hacen o sobre aquello que les sucede. Esto nos permitirá, en la medida de lo posible, apoyarles y protegerlos. No perdamos de vista el hecho de que nuestros adolescentes no siempre nos darán detalles sobre su vida y que habrá vivencias que no van a querer compartir con nosotros, pues forman parte de su necesaria intimidad. A esas edades, es normal que sean reservados con su familia y que confíen mucho más en sus amigos.Parte del proceso de afirmarse a sí mismos y de ir siendo cada vez más independientes, se produce a partir del hecho de no compartir todo con nosotros. Es conveniente que respetemos su derecho a tener una vida privada, procurando, en la medida de lo posible, evitar que les ocurra algo malo. Aunque nos cueste hacerlo, será preciso pensar que los adolescentes son capaces de discernir entre cuándo conviene que nos cuenten algo y cuándo quieren guardar un secreto.Nuestra actitud y nuestra forma de proceder debe transmitirles el mensaje de que contarán con nosotros para lo que necesiten, que les escucharemos, que les ayudaremos a analizar las situaciones importantes con el fin de que puedan tomar sus propias decisiones. Asimismo, que sepan que pueden llamarnos, si consideran que están en una situación incómoda o peligrosa, ya que acudiremos en su auxilio.Será necesario que tengamos autocontrol, que seamos capaces de escucharles sin gritarles, sin proferir insultos o emitir juicios anticipados, sin recurrir rápidamente a los castigos y a los sermones. Es importante que nos ganemos su confianza para que puedan recurrir a nosotros cuando lo consideren necesario. Procuremos ser para ellos personas de las que puedan fiarse. ¡Confiemos en ellos! Al igual, que deseamos que ellos puedan confiar en nosotros.Cuando nuestros hijos se fían de nosotros y nos cuentan lo que hacen, en primer lugar, debemos escucharles sin interrumpirles, y sin expresarles nuestra opinión, antes de que ellos hayan terminado de explicarnos los detalles que consideren oportunos. También, debemos felicitarles por tener la madurez para contárnoslo y será muy conveniente que estemos a la altura de la confianza que ellos han depositado en nosotros.Aunque, es posible que lo que nos cuenten no sea de nuestro agrado, convendría tener presente que es preferible que sepamos lo que hacen; ya que, no saberlo, sería peor y podría ser peligroso para ellos. Debemos dejar de lado nuestro temor y nuestro disgusto, con el fin de poder ayudar a nuestros adolescentes a reflexionar sobre la situación en que se encuentren y acerca de las alternativas que puedan tener a su alcance para resolverla.El hecho de que nuestros hijos nos hablen sobre sus problemas, puede ser considerado como una oportunidad para guiarlos sobre los pasos necesarios para que puedan resolver los mismos. Será muy conveniente calcular la magnitud del problema, explorar las diversas opciones que se presentan para abordarlo y, finalmente, elegir una de ellas. Con posterioridad, habrán de reflexionar sobre lo que han aprendido. Si nuestros adolescentes no se sienten lo suficientemente seguros para confiarnos la verdad, no asimilarán los consejos que les podamos ofrecer para ayudarles a solventar los problemas de la vida cotidiana.Cuanto más se fíen de nosotros, más detalles nos revelarán de su vida y más eficazmente podremos intervenir, en caso necesario. Los jóvenes son expertos a la hora de ocultar hechos, y lo hacen precisamente cuando creen que no tienen más remedio, al no sentir que tengan interlocutores comprensivos que quieran escucharles. Podemos formularles preguntas directas y ellos no tienen el menor reparo en mentirnos, mirándonos a los ojos. A menos que hayamos creado una relación con ellos, en la que sepan que pueden confiarnos la verdad, es imposible que sepamos lo que hacen.Si queremos que nuestros hijos sean sinceros con nosotros, debemos estar preparados; pues, en ocasiones, nos pueden hablar de asuntos que nos cueste encajar. En tales casos, es conveniente que conservemos la calma y que tengamos en cuenta que su voluntad de hablarnos sobre una situación complicada implica que desean que les ayudemos a resolverla. Si no somos prudentes en cuanto a nuestra forma de responder a lo que nos dicen, ellos sentirán que les estamos defraudando y que no pueden contar con nosotros.Una de nuestras prioridades debe ser la seguridad de nuestros hijos. Por ello, debemos irles preparando para que aprendan a cuidar de sí mismos en situaciones muy diversas e imprevisibles, teniendo en cuenta que este aprendizaje lleva su tiempo.Antes de que nuestros adolescentes hayan alcanzado la madurez habrán tomado unas cuantas decisiones, algunas de ellas erróneas, al igual que nos ocurriera a nosotros. Convendría que les ayudásemos a reflexionar sobre esas actuaciones que podrían haber comportado un peligro para ellos y sus amigos; que, en la medida de lo posible, aprendan a anticiparse a las dificultades, confiando en nosotros o pidiendo nuestra colaboración.Bibliografía:“Cómo convivir con hijos adolescentes. Permaneciendo en sintonía con ellos y proporcionándoles una verdadera ayuda en sus vidas”, escrito por Dorothy Law Nolte y Rachel Harris.En ingles:"Teenagers Learn What They Live, Parenting to Inspire Integrity & Independence", written by Dorothy Law Nolte and Rachel Harris.
Imagen encontrada en Internet: Madre-con-su-hija-sonriendo. También puede encontrarse en el siguiente escrito, https://mejorconsalud.com/dar-ejemplo-la-mejor-manera-educar/
viernes, 13 de octubre de 2017
La “lectura del pensamiento” y “el error del adivino”, nos llevan a cometer grandes errores
EI tema de hoy tiene relación con aquello que decía cuando quise transmitirles la idea de que, al comunicarnos con otros, conviene expresar claramente lo que pensamos y queremos, ya que en ocasiones, a buen entendedor, pocas palabras no bastan.Al final del escrito indicado, hacía referencia a un tipo de pensamiento irracional, o distorsión cognitiva, que se conoce como conclusiones apresuradas, el cual hace que nuestra mente se dispare, intentando dar explicaciones diversas a aquello que no entiende, sin que estén sustentadas con lo que la otra persona nos pueda haber comunicado de forma explícita.Parte de la bibliografía sobre los pensamientos irracionales la encontramos en libros que nos hablan de la depresión o de la autoestima, en los que encontramos ejemplos de pensamientos dolorosos, poco específicos, o aquellos que se centran en las carencias y los defectos, en lugar de ser más ponderados y ver también las cualidades.Quiero aclarar que los pensamientos irracionales no son todos de tipo negativo; ya que ciertas ideas presentadas como positivas, pero, que adolecen de una base real, también pueden ser muy nocivas.
Esta distorsión cognitiva nos lleva a sacar deducciones apresuradas, ya sean positivas o negativas, sin que haya datos objetivos que las justifiquen. Como consecuencia de lo cual, llegamos arbitrariamente a una idea que no puede ser comprobada mediante los datos que conocemos.Las conclusiones apresuradas se dan fácilmente en las relaciones de amistad o de pareja, cuando un comportamiento, un gesto o una mirada se interpretan como una forma de acercamiento, o de rechazo, sin existir otros elementos que lo confirmen y sin que haya habido anteriormente una verdadera comunicación con esas personas.Este pensamiento irracional se pone de manifiesto de dos formas distintas: mediante "la lectura de la mente" o a través de "el error del adivino".* * * Por medio de la lectura de la mente, pretendemos saber qué es lo que la otra persona piensa, sin que nos lo haya expresado abiertamente. Pensamos que alguien quiere una relación más cercana o que tiene una mala opinión de nosotros, pero sólo son suposiciones, sin ninguna base comprobable. Es más, ni siquiera nos tomamos la molestia de averiguar si estamos o no en lo cierto. Simplemente, damos por hecho que, lo que imaginamos, es verdad.Cuando utilizamos esta forma de pensamiento distorsionado, suponemos que todas las personas del universo piensan y actúan como nosotros. Éste es un error fácil, pues se basa en el fenómeno de la proyección: supones que los demás sienten como tú, tienen tus propias creencias y que ven el mundo de la misma forma, haciendo caso omiso de las diferencias que existen.Por otra parte, leer el pensamiento es contraproducente porque, a veces, nuestro temor a que otras personas nos rechacen puede acabar haciéndose realidad. También, pensar que tenemos el afecto de esa persona o que nos apoya incondicionalmente, puede conducirnos a grandes desilusiones.Cuando practicas la lectura mental, tienes la percepción de que la misma es correcta, por lo que procedes como si fuese la idónea. No contrastas con los demás tus interpretaciones porque no tienes dudas, estás convencido de que tus pensamientos reflejan lo que es la realidad. El problema es que actúas de acuerdo a tus percepciones erróneas y esto afecta tu visión de la vida y crea problemas en tus relaciones con otras personas, debido a las falsas expectativas y a tus equivocaciones en cuanto a la interpretación de la realidad. Veamos unos ejemplos:-Estás pronunciando una conferencia y te das cuenta de que un hombre sentado en la primera fila está cabeceando. Ese hombre ha estado casi toda la noche sin dormir, pero tú no lo sabes. Por tu mente pueden pasar pensamientos como: "La gente está aburrida", “No les interesa lo que digo”.-Un amigo se cruza contigo, por la calle, y no te saluda porque está tan absorto en sus pensamientos que no te ve. Podrías llegar a alguna conclusión errónea: "Me ignora, así que ya no debo caerle bien", “Está molesto conmigo y por eso ni me ha saludado” “Es un maleducado, ni se ha dignado a pararse y decirme algo”.-En una reunión, alguien que acabas de conocer es muy amable contigo y permaneces hablando amenamente con él, durante un par de horas. A raíz de ello, piensas que está interesado en ti y das por hecho que es el comienzo de una relación especial.Tal vez usted responda a lo que previamente se ha imaginado, retrayéndose y contraatacando. Estas conductas, que han empezado sobre unos pensamientos equivocados, pueden llegar a convertirse en una profecía que se cumple. Al haber iniciado una interacción negativa, cuando, en el fondo, no pasaba nada; ya que todo era un producto de su imaginación.La lectura mental es fatal para la autoestima porque tienes una tendencia a pensar que todo el mundo comparte contigo las dudas que tienes sobre ti mismo. “Le estoy dando la lata”, “Está enojado porque llegué tarde”, “Está atento a todos mis movimientos en busca del más mínimo error porque quiere echarme del trabajo.” Produce trágicos errores de cálculo en tus relaciones. Veamos algunos ejemplos:-Luis era un electricista que, muy a menudo, suponía que su esposa, María, estaba enojada con él cuando ella se ponía a dar vueltas por el apartamento con una mueca de disgusto. En lugar de preguntarle qué era lo que le estaba ocurriendo, de forma que pudiera establecerse un diálogo, daba por hecho que, a su mujer, le disgustaba la presencia de él en la casa; razón por la cual, se volvía, cada día, más huraño y retraído.En realidad, María hacía esa mueca cuando le dolía algo, cuando andaba con prisas o cuando estaba preocupada por las finanzas domésticas, que era casi siempre. Pero la conducta de Luis hacía que ella fuera incapaz de sincerarse y darle a conocer a su pareja el motivo de su profunda preocupación. Ella, a su vez, interpretaba la actitud de su marido como falta de interés, por lo que tampoco hacía nada para que el problema pudiera solucionarse.Este ejemplo nos ilustra que frecuentemente se utiliza la lectura de la mente, agregando información arbitraria a los hechos reales, de acuerdo a nuestros miedos, nuestras expectativas o a que estamos convencidos de que conocemos perfectamente al otro y sabemos lo que está pensando. Esto se convierte en una fuente de disgustos, de malentendidos y un incremento de emociones que nublan nuestra visión de la realidad y nos impiden actuar de forma adecuada, para poder solucionar las dificultades que se presentan en nuestras relaciones.Puedes darte cuenta de que estás utilizando la lectura mental si escuchas atentamente lo que dices cuando te cuestionan por qué hiciste una suposición, o si te preguntas a ti mismo por qué llegaste a esa conclusión. Te pueden surgir frases como: “No es más que una fuerte intuición”, “Simplemente, así lo creo”, “Lo sé”, “Estoy seguro de que eso es lo que está pensando, lo conozco muy bien”, “Tengo la impresión de que es así.”Estas frases muestran cómo llegamos a ciertas conclusiones, sin tener pruebas reales. Esa “intuición” no es más que un pretexto para seguir conjeturando, para creer que lo que pensamos es cierto, para tener una justificación a nuestra manera de actuar, culpando a otros por su forma de ser, de pensar y de obrar. Sin embargo, la realidad nos indica que hemos sido nosotros quienes nos hemos fabricado toda una tormenta.Si tienes el hábito de la lectura mental necesitas hacer refutaciones especialmente enérgicas, que te devuelvan a la realidad. La regla más importante es la de ser específico y preciso. El centrarse en hechos conocidos y objetivos es la mejor forma de dejar de creer que los demás están pensando mal de uno.He aquí algunas refutaciones específicas que son efectivas contra la lectura mental:-¡Para, ya! ¡Es absurdo, no sabes si es verdad!-No tengo forma de saber lo que otras personas están pensando.-La única manera de conocer la opinión de los demás es preguntándosela.-No supongas nada. Compruébalo.-¿En qué te basas para decir eso?* * * Ahora, hablaremos de otra forma de llegar a conclusiones apresuradas: el error del adivino. Se refiere a la tendencia a predecir lo que va a ocurrir en el futuro, ya sea teniendo el convencimiento de que las cosas irán mal o queriendo un desenlace feliz, sin que existan fundamentos para ninguna de las dos alternativas.Algunas personas con tendencia a la adivinación creen que les va a ocurrir algo malo, aunque no tengan ninguna base que justifique tal creencia. ¡Simplemente, se lo imaginan! Parece que sólo tengan tal poder para lo negativo. No piensan que sus proyectos puedan hacerse realidad, sino todo lo contrario. Por ello, su predicción actúa sobre su deseo, y, valiéndose de su capacidad profética, consiguen que el resultado les sea adverso. Cuanto más desean algo, más se convencen de que no van a conseguirlo.Se llega a un resultado similar, cuando, utilizando el error del adivino, se piensa que el futuro será perfecto, aun en ausencia de bases sólidas que respalden esa convicción. Al darlo por hecho, no se trabaja lo necesario para conseguir que las cosas funcionen y para solucionar los problemas que puedan surgir en el camino.La errónea interpretación, por nuestra parte, de un supuesto mal gesto de otra persona, entra de lleno en la lectura de la mente. Cuando suponemos que está disgustada con nosotros, vamos en busca del error del adivino y creemos que, en el futuro, no va a querer volver a vernos o a hablar con nosotros. Tenemos tanta convicción en nuestra suposición, que la misma nos lleva a cometer una serie de torpezas, todas ellas encaminadas a ratificar nuestra predicción.-De un amigo distante, pensamos “ya no va a querer ser mi amigo”. Por lo tanto, dejamos de escribirle, lo cual conduce a que, en algún momento futuro, dejará de considerarnos su amigo.El error del adivino es un tipo de pensamiento anticipatorio. En lugar de vivir el momento, de esperar sin ansiedad a que los acontecimientos se sucedan, nos adelantamos en el tiempo, imaginando la escena, el desarrollo y el desenlace de la trama.Estos pensamientos modifican gravemente nuestra conducta ya que cuando nos disponemos a hacer determinadas actividades, si imaginamos unas consecuencias negativas o adversas, acabamos por adoptar comportamientos que nos llevan a sentirnos frustrados. Si, por el contrario, como habíamos visto antes, estamos convencidos arbitrariamente que habrá unos resultados positivos, terminamos atentando contra nosotros mismos, dejando de actuar como sería necesario, para conseguir lo que deseamos.Veamos algunos ejemplos de cómo funciona este error del pensamiento:-“No quiero ir a la fiesta, porque sé que pondré cara de aburrida y los demás van a pasar de mí.”-“No voy a intentar arreglar las cosas con Juan, porque sé que me va a decir que estoy equivocado y que no va a cambiar su postura.”-“No merece la pena estudiar para este examen porque sé que lo voy a suspender.” (¡Lo cual, si me permiten la chanza, me parece de una lógica atronadora!)
Aquí, estamos utilizando nuestra bola mágica de la fatalidad, para anticipar resultados negativos, que no tienen por qué ocurrir. Sabemos, por experiencia, que nos encontramos con sorpresas que contradicen nuestras predicciones arbitrarias, por lo que puede ocurrir que terminemos haciendo algún comentario como: “¡Vaya! ¡Al final, me lo he pasado muy bien, y eso que no quería venir!”Bibliografía:BURNS, David, Sentirse bien, Ed. Paidós, Barcelona.GAJA JAUMEANDREU, Raimon., Bienestar, autoestima y felicidad. Ed: Plaza & Janés, Barcelona.McKAY, Matthew y FANNING, Patrick: Autoestima, evaluación y mejora. Ediciones Martínez Roca, S.A., Barcelona.Artículo encontrado en Internet: Errores del pensamiento (I): Adivinación (Lectura de pensamiento y Error del adivino)Imagen encontrada en Internet, modificada para el blog:
lunes, 25 de septiembre de 2017
Con respecto al acoso escolar
No deberíamos caer en el error de considerar que el acoso escolar es ajeno a aquellos comportamientos, cuyos grados de intimidación y de agresividad hacia las personas, son susceptibles de ser tipificados como delito. Por el contrario, suele tomar como ejemplo este tipo de conductas e inspirarse en ellas.Igualmente sucede que, cuando salen de la boca de los escolares los primeros insultos y amenazas, se tiende enseguida a quitarles la importancia que las mismas revisten, en lugar de intervenir desde el inicio, con lo que se evitaría que el problema creciera y llegara a ser mucho más difícil de atajar.El acoso escolar puede ser síntoma de los problemas que existen en ciertos hogares y en la sociedad. De la soledad y la incomprensión que sienten algunos niños, o adolescentes. De la humillación a la que son sometidos los padres y que luego descargan en sus hijos. La falta de apoyo que pueda sentir una madre que debe trabajar y educar a sus niños, haciendo que todo marche en casa, mientras que el padre está ausente. En personas pertenecientes a grupos sociales marginados o en aquellas que parecen tener un alto poder adquisitivo, pero que, al igual que las primeras, disponen de muy poco tiempo para estar cerca de sus retoños.Con seguridad, el acoso escolar es producto de la violencia que los niños ven por doquier y de las manifestaciones de agresividad, maltrato y odio, a las que tanto jóvenes como adultos, están expuestos. También, a la banalización de lo violento, debido a una sobreexposición a los videojuegos y a la insensibilidad que se alcanza por la persistencia de noticias en la televisión y las redes sociales. Sin apenas darse cuenta, los niños, sus familiares o sus amigos, pueden encontrarse inmersos en ese triste mundo del acoso escolar.El acoso entre niños o entre adolescentes no surge de repente. Todas las conductas humanas tienen una historia previa y en gran medida son aprendidas. Por lo tanto, las actuaciones de los agresores, de las víctimas y de los testigos tienen origen en la relación con sus familiares y amistades, en el tipo de educación recibida, la cual incluye el manejo de las emociones y las consecuencias recibidas por sus comportamientos.El carácter y la personalidad de un individuo se va formando y consolidando a través de los años. Tendrá que ver con la manera de ser de las personas que le rodean, de cómo se relacionan entre ellas, de lo que es importante para cada uno y de la concepción que tengan de la vida.Además de aquello que pueda heredarse, cada uno de nosotros es el resultado de la interacción entre lo biológico y lo ambiental. Así mismo, de la manera que tengamos de actuar ante lo que nos sucede y de la forma cómo reaccionan las personas de nuestro entorno ante la expresión de las emociones. Se van asimilando multitud de datos que provienen de la familia, de las amistades y de la sociedad. Por tanto, al existir muchos factores que contribuyen para que cada uno sea como es, no valen las explicaciones simplistas para afrontar un problema complejo como el que estamos analizando.El acoso no es un tema exclusivamente imputable al agresor, a su forma de ser, a cómo ha sido educado, a pesar de que se haya restado importancia a algunas de sus conductas. Como algunos quieren hacernos creer, tampoco, es imputable a la víctima por su falta de habilidades sociales o porque necesite aprender a ser más fuerte, menos sensible. Sería injusto decir que los responsables son los padres. Cargar de culpa a los testigos que no intervinieron o tardaron en hacerlo sería buscar un mero subterfugio.Centrándonos en los acosadores, sería conveniente conocer el mayor número de datos relativos a su historial particular: cómo han sido educados, si mantienen relaciones cercanas con la familia y con sus amigos, o bien, si existen graves problemas en sus hogares. ¿Qué sucede cuando son agresivos? ¿Han sido, sus padres, muy estrictos con ellos? ¿Sobreprotectores, quizás?¿Qué les lleva a acosar a otros niños? ¿Necesitan sentirse fuertes para que otros les valoren y respeten? ¿Por qué les cuesta aceptar las diferencias? Hay algo en ellos que les hace querer imponerse o rechazar a ciertas personas, burlarse de ellas, herirlas o ignorarlas. Probablemente, ni los padres, ni los profesores o sus cuidadores habrán identificado ciertas conductas como problemáticas y precursoras del abuso. Como he mencionado, habrán quitado importancia a pequeños fallos que, de haberse intervenido a tiempo, no hubieran terminado en acoso.Cualquier persona puede convertirse en la víctima escogida por los acosadores para descargar sobre ella su rabia, su malestar, su odio o sus burlas. Puede deberse a alguna característica física, a su carácter o inteligencia. A su forma de actuar o de responder ante los problemas. Asimismo, por algo casual, como quedarse dormido en el autobús, que se le hayan caído los libros o que no les guste la ropa que les han obligado a ponerse.Algunos serán tímidos, otros tendrán ciertos intereses especiales. Sus familias y la forma como han sido educados puede ser muy diversa. Algunas habrán sido muy exigentes mientras que, otras, fueron exageradamente protectoras. Hay padres que se dan cuenta de que algo está yendo mal con sus hijos; mientras que, otros, tan sólo lo advierten cuando es demasiado tarde y los hijos llevaban años sufriendo en silencio.Las víctimas se verán más o menos afectadas según sea su capacidad para afrontar las dificultades que surgen, si son capaces de tolerar la frustración y en función de los recursos que tengan, ante las actuaciones de los acosadores.Los testigos silenciosos son aquellos niños que ven las agresiones pero que no actúan, por miedo a perder la amistad de los cabecillas o convertirse en el blanco de sus burlas. Los profesores, los cuidadores o los padres, prefieren quitar importancia a las conductas abusivas, calificándolas como cosas de niños o creyendo que es algo puntual y que ya pasarán con el transcurso del tiempo.Lamentablemente, al no actuar para evitar la violencia, se vuelven cómplices de lo que sucede.
lunes, 18 de septiembre de 2017
Sobre el crimen y el castigo (Khalil Gibran)
Entonces, uno de los jueces de la ciudad se adelantó y dijo:Háblanos del crimen y del castigo.A lo cual, él respondió, diciendo:Es al vagar vuestro espíritu sobre el viento, cuando vosotros, solos e imprudentes, cometéis faltas contra los demás y, por lo tanto, contra vosotros mismos.Y, por haber incurrido en tales faltas, debéis llamar a la puerta del elegido y esperar mientras sois atendidos.Como el océano, es vuestro dios interior; él se mantiene por siempre inmaculado.Y, al igual que el éter, se eleva como si fuera alado.Incluso, como el sol, es vuestro dios interior; no conoce los caminos del topo ni busca los huecos de la serpiente.Pero vuestro dios interior no habita sólo en vuestro ser.Parte de vosotros es aún humana, y otra parte no es hombre todavía, sino un deforme pigmeo que deambula en la niebla en búsqueda de su propio despertar.Y ahora quiero referirme al hombre que hay en vosotros.Porque es él, y no vuestro dios interior, ni el pigmeo que vaga en la niebla, el que conoce el crimen y el castigo del crimen.A menudo os he oído hablar de aquel que ha cometido una mala acción como si no se tratara de uno de vosotros, sino un extraño entre vosotros y un intruso en vuestro mundo.Pero yo digo que así como el santo y el justo no pueden ascender por encima de lo más elevado que existe en cada uno de vosotros, de igual forma, el débil y el malvado no pueden caer más bajo que el lugar que pisan vuestros pies.Y, de la misma manera que una sola hoja no puede ponerse amarilla si no es con el silencioso conocimiento de todo el árbol, así, el malhechor no puede hacer el mal sin el consentimiento secreto de todos vosotros.Como en una procesión, marcháis juntos hacia vuestro dios interior.Vosotros sois el camino y, a su vez, los caminantes.Y, cuando uno de vosotros tropieza, cae al suelo como advertencia para los que van detrás de él, para que eviten toparse contra la misma piedra.¡Ay! Y cae por culpa de los que iban delante de él; quienes, aunque más rápidos y de paso más seguro, no quitaron la piedra del camino.Y escuchad también esto, aunque el mensaje pese en vuestros corazones:El asesinado no es del todo irresponsable de su propia muerte. Y aquel al que han robado, no está exento de culpa por haber sido robado.El justo no es inocente de las acciones del malvado.Y el de las manos blancas no está limpio de lo que hace el delincuente.¡Sí! El culpable es, frecuentemente, la víctima de quien ha sido perjudicado.Y, aún más a menudo, el condenado es el que soporta las cargas del ser inocente e irreprochable.No podéis separar al justo del injusto, ni al bueno del malo; porque ellos permanecen unidos ante la faz del sol, de la misma manera como el hilo blanco y el negro se entretejen juntos.Y, cuando el hilo negro se rompe, el tejedor examinará la tela y también revisará el telar.Si alguno de vosotros se planteara el juicio sobre la infidelidad de la esposa, dejad que ella pese también el corazón de su marido en la balanza, que evalúe las dimensiones de su alma.Quien quiera castigar al ofensor, que explore primero el alma del ofendido.Y, si alguno de vosotros castigara en nombre de la rectitud y clavara el hacha sobre el árbol dañado, que examine también las raíces.Y, en verdad, encontrará juntas y entrelazadas las raíces de lo bueno y de lo malo, de lo fructífero y de lo estéril, en el silencioso corazón de la tierra.Y, vosotros, jueces, que debéis ser justos,¿Qué sentencia decidiríais contra aquel que es honrado en las cuestiones de la carne, sin embargo, asesino por lo que concierne al espíritu?¿Qué pena impondríais a aquel que destruye la carne, al tiempo que ha sido aniquilado en el espíritu?Y ¿cómo procederíais judicialmente contra aquel que es un opresor y un impostor, aun, habiendo sido agraviado y ultrajado?¿Y de qué manera castigaríais a aquellos cuyo remordimiento es ya más grande que su delito?¿No es el remordimiento la justicia que es administrada por la propia ley que estáis obligados a servir?Sin embargo, no podéis inculcar el remordimiento al inocente, ni quitarlo del corazón del culpable.De repente, el remordimiento aparece en la noche, para que los hombres despierten y reflexionen sobre ellos mismos.Y vosotros, que queréis comprender la justicia, ¿cómo lo lograréis a menos que todo lo miréis a plena luz?Sólo así sabréis que el hombre erguido y el caído no son sino un solo hombre, de pie en el crepúsculo, entre la noche de su yo pigmeo y el día de su dios interior.Y la piedra angular del templo no es más relevante que el mísero canto que se encuentre en los cimientos.Bibliografía:KHALIL GIBRAN: “El Profeta”, Capítulo: “El crimen y el castigo”.Imagen: george-grosz-del-fragor-tumultuoso-al-silencio-atronador-60-6381918-19 Café Pluma, tinta y acuarela (24 x 31,8 cm)Para leerlo en Inglés:To read it in English:
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