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domingo, 6 de enero de 2019

¿Cómo ser padres? ¡Que nos lo enseñen en la escuela!





¿Acaso existe un hecho tan trascendental como el momento mágico de dar entrada en nuestras vidas al hijo que acaba de nacer, después de nueve meses de ilusionada espera y un doloroso parto? ¿Y, de aquel que, con igual desvelo e impaciencia, hemos recibido en adopción, una vez culminado un proceso administrativo que llegó a parecernos interminable? Aunque no seamos conscientes de ello, tengamos la seguridad de que no existe un don tan gratificante.

A pesar de que, por mucho que lo hubiésemos sospechado, nos sorprenda que haya llegado la hora de introducir cambios en nuestra forma de vivir, en la distribución del tiempo y en nuestra forma de pensar. Que tengamos que afrontar los días, con la entrega de renovadas fuerzas para sacar adelante a nuestro hijo. Que, como progenitores, debamos aceptar una nueva razón de ser para el resto de nuestras vidas. Y, de manera muy especial, que tengamos que aprender a desempeñar nuestras muchas responsabilidades.

Un hijo, debería llegar con un manual de instrucciones, bajo el brazo. Porque, por mucho que hayamos oído hablar sobre cómo debe ser la educación de un hijo, se nos negó la más mínima formación a lo largo de los años que estudiamos en la escuela. Tampoco la tuvieron, quienes accedieron a la Universidad y cursaron estudios superiores. ¡Sorprendente, la sociedad en la que vivimos¡ ¡Cada vez, nos pide un mayor grado de conocimiento para el ejercicio de los distintos trabajos profesionales! ¡En cambio, no exige requisito alguno para desempeñar la gran responsabilidad inherente al hecho de ser padres!

Será que, por muy seres humanos que seamos, la sabia naturaleza querrá que aprendamos de los animales irracionales que conviven en nuestro planeta. Ellos, no tienen la posibilidad de ir a ninguna escuela. Sin embargo, asumen el papel de padres, con ejemplar dedicación y responsabilidad. No importa la pareja que se tome como ejemplo, veremos cómo el macho protege a la hembra, durante todo el tiempo que dura el embarazo y hasta la llegada de los retoños. Defendiendo las madrigueras instaladas entre sabanas, herbazales y juncales, las cuales, cambian periódicamente de lugar, en evitación de que los olores atraigan a los temidos depredadores. En el caso de las aves, colaborando en la laboriosa tarea de la construcción del nido, empollando pacientemente los huevos y saliendo en defensa de los enemigos que puedan estar al acecho.

Los machos participan en la dura obligación diaria de la provisión de alimentos y, más tarde, en la educación de cachorros y polluelos, respectivamente. Es entonces, cuando se trata de enseñar a los hijos la manera cómo han de aprender a caminar y a volar. Y, sobre todo, de aquello que deben hacer para cuando haya llegado el día  de dejar el hogar familiar y proyectar su propia vida.

En mi opinión, algo muy parecido sucede con los seres humanos. Pero, llegados a este punto, quisiera poner un especial énfasis en la importancia que, el ejemplo de los padres, tendrá en los hijos. Porque, toda cuanta educación reciben los animales irracionales, la obtienen en base al ejemplo de sus progenitores. ¡Pues, estos, no tienen la facultad del raciocinio ni del habla!

Una vez que los cachorros han abandonado la madriguera y el nido los polluelos, el tiempo hará que ningún tipo de reconocimiento tenga lugar entre ellos y sus progenitores. El Creador quiso que no ocurriera lo mismo, en el caso de los hombres.  Antes, al contrario, que los hijos puedan disfrutar del amor de sus padres, mientras estos vivan. Pero, como dice el gran poeta libanés Khalil Gibrán:

“Vuestros hijos no son vuestros hijos.
Son los hijos y las hijas del anhelo de la Vida,
ansiosa por perpetuarse.

Por medio de vosotros se conciben, más no de vosotros.
Y, aunque estén a vuestro lado, no os pertenecen.
Podéis darles vuestro amor, no vuestros pensamientos,
porque ellos tienen sus propios pensamientos.”

En mi opinión, estos versos son una severa advertencia para los padres que quieran interferirse en la vida de sus hijos. Es preciso que entiendan que deben respetar la libertad de quienes fueron sus retoños. De nada deben preocuparse, pues ellos ya hicieron entrega de su ejemplo y de su amor a sus hijos.



Imagen encontrada en internet:
  

lunes, 18 de septiembre de 2017

Sobre el crimen y el castigo (Khalil Gibran)



Entonces, uno de los jueces de la ciudad se adelantó y dijo:
Háblanos del crimen y del castigo.
A lo cual, él respondió, diciendo:

Es al vagar vuestro espíritu sobre el viento, cuando vosotros, solos e imprudentes, cometéis  faltas contra los demás y, por lo tanto, contra vosotros mismos.
Y, por haber incurrido en tales faltas, debéis llamar a la puerta del elegido y esperar mientras sois atendidos.

Como el océano, es vuestro dios interior; él se mantiene por siempre inmaculado.
Y, al igual que el éter, se eleva como si fuera alado.
Incluso, como el sol, es vuestro dios interior; no conoce los caminos del topo ni busca los huecos de la serpiente.
Pero vuestro dios interior no habita sólo en vuestro ser.
Parte de vosotros es aún humana, y otra parte no es hombre todavía, sino un deforme pigmeo que deambula en la niebla en búsqueda de su propio despertar.
Y ahora quiero referirme al hombre que hay en vosotros.
Porque es él, y no vuestro dios interior, ni el pigmeo que vaga en la niebla, el que conoce el crimen y el castigo del crimen.

A menudo os he oído hablar de aquel que ha cometido una mala acción como si no se tratara de uno de vosotros, sino un extraño entre vosotros y un intruso en vuestro mundo.
Pero yo digo que así como el santo y el justo no pueden ascender por encima de lo más elevado que existe en cada uno de vosotros, de igual forma, el débil y el malvado no pueden caer más bajo que el lugar que pisan vuestros pies.
Y, de la misma manera que una sola hoja no puede ponerse amarilla si no es con el  silencioso conocimiento de todo el árbol, así, el malhechor no puede hacer el mal sin el consentimiento secreto de todos vosotros.
Como en una procesión, marcháis juntos hacia vuestro dios interior.
Vosotros sois el camino y, a su vez, los caminantes.
Y, cuando uno de vosotros tropieza, cae al suelo como advertencia para los que van detrás de él, para que eviten toparse contra la misma piedra.
¡Ay! Y cae por culpa de los que iban delante de él; quienes, aunque más rápidos y de paso más seguro, no quitaron la piedra del camino.

Y escuchad también esto, aunque el mensaje pese en vuestros corazones:
El asesinado no es del todo irresponsable de su propia muerte. Y aquel al que han robado, no está exento de culpa por haber sido robado.
El justo no es inocente de las acciones del malvado.
Y el de las manos blancas no está limpio de lo que hace el delincuente.
¡Sí! El culpable es, frecuentemente, la víctima de quien ha sido perjudicado.
Y, aún más a menudo, el condenado es el que soporta las cargas del ser inocente e irreprochable.
No podéis separar al justo del injusto, ni al bueno del malo; porque ellos permanecen unidos ante la faz del sol, de la misma manera como el hilo blanco y el negro se entretejen juntos.
Y, cuando el hilo negro se rompe, el tejedor exami­nará la tela y también revisará el telar.

Si alguno de vosotros se planteara el juicio sobre la infidelidad de la esposa, dejad que ella pese también el corazón de su marido en la balanza, que evalúe las dimensiones de su alma.
Quien quiera castigar al ofensor, que explore primero el alma del ofendido.
Y, si alguno de vosotros castigara en nombre de la rectitud y clavara el hacha sobre el árbol dañado, que examine también las raíces.
Y, en verdad, encontrará juntas y entrelazadas las raíces de lo bueno y de lo malo, de lo fructífero y de lo estéril, en el silencioso corazón de la tierra.
Y, vosotros, jueces, que debéis ser justos,
¿Qué sentencia decidiríais contra aquel que es honrado en las cuestiones de la carne, sin embargo, asesino por lo que concierne al espíritu?
¿Qué pena impondríais a aquel que destruye la carne, al tiempo que ha sido aniquilado en el espíritu?
Y ¿cómo procederíais judicialmente contra aquel que es un opresor y un impostor, aun, habiendo sido agraviado y ultrajado?   

¿Y de qué manera castigaríais a aquellos cuyo remordimiento es ya más grande que su delito?
¿No es el remordimiento la justicia que es administrada por la propia ley que estáis obligados a servir?
Sin embargo, no podéis inculcar el remordi­miento al inocente, ni quitarlo del corazón del culpable.
De repente, el remordimiento aparece en la noche, para que los hombres despierten y reflexionen sobre ellos mismos.
Y vosotros, que queréis comprender la justicia, ¿cómo lo lograréis a menos que todo lo miréis a plena luz?
Sólo así sabréis que el hombre erguido y el caído no son sino un solo hombre, de pie en el crepúsculo, entre la noche de su yo pigmeo y el día de su dios interior.
Y la piedra angular del templo no es más relevante que el mísero canto que se encuentre en los cimientos.


Bibliografía:
KHALIL GIBRAN: “El Profeta”, Capítulo:  “El crimen y el castigo”.


Imagen: george-grosz-del-fragor-tumultuoso-al-silencio-atronador-60-638
1918-19 Café Pluma, tinta y acuarela (24 x 31,8 cm)


Para leerlo en Inglés:
To read it in English:
On crime and punishment (Khalil Gibran)



jueves, 22 de octubre de 2015

Mi decisión no es la tuya



“Podéis darles vuestro amor, pero no vuestros pensamientos.
Porque ellos tienen sus propios pensamientos”.  - Khalil Gibrán -

Tomar decisiones por cuenta de los demás parece una tendencia muy generalizada. En particular, en el ámbito de ciertas familias, en las que no se enseña, a los más jóvenes, a practicar la toma de sus propias decisiones. Peor aún, no respetan las que ellos toman, imponiéndoles aquellas que son de su personal agrado.

Mientras que, en otras, cada miembro suele tomar sus propias decisiones. Se entiende que, cada uno, es dueño de su propia vida. Por lo tanto, debe decidir por sí mismo, salvo aquellas situaciones en las que, por su importancia, o por su gravedad, considere conveniente escuchar la opinión de los demás.

Con demasiada frecuencia, nos encontramos con personas que no reciben la ayuda de su entorno más cercano. Les invade el sentimiento de estar abandonadas a su propia suerte, por lo que toman sus propias decisiones, prescindiendo de los demás. Renuncian a reclamar el apoyo que, por desidia, sus allegados no les han dado, y se ven obligadas a hacer uso de su propio criterio, a la hora de tomar la elección más conveniente.

Hay quienes aceptan que no se les ha impedido ser los verdaderos dueños de sus vidas. En líneas generales, dicen que no se les ha limitado su libertad y su derecho a decidir. Salvo en algunas ocasiones, en las que les fueron impuestas decisiones que sólo ellos podían tomar. Años más tarde, pudieron constatar cuan trascendentales resultaron ser las mismas, viéndose obligados a corregir las consecuencias negativas que de ellas se derivaron. Tuvieron que redirigir sus rumbos, de acuerdo a lo que ellos consideraron que era mejor.

Lo más dramático de esto, es que quien interfiere en la vida de otro, sin su consentimiento, y sin permitirle ser el artífice de su vida, no tenga en cuenta las consecuencias de lo que su decisión implique.

Desde aquí, hago una petición: seamos muy respetuosos, cuando encontremos que hay algo que no nos gusta en la vida de nuestros seres queridos; o en las de otras personas, sobre las que podemos tener influencia. No pensemos que las cosas deben hacerse de acuerdo a nuestro criterio y a nuestra particular forma de ver el mundo. El porvenir de cada uno es suyo. Se equivoque o no, tenga la edad que tenga, debe tomar sus propias decisiones y asumir las consecuencias que de ellas se deriven.

Me parece oportuno terminar con las palabras del escritor y poeta, Khalil Gibrán, cuando contesta a una pregunta referida a los hijos, en “El Profeta”:

“Podéis darles vuestro amor, pero no vuestros pensamientos.
Porque ellos tienen sus propios pensamientos.
Podéis albergar sus cuerpos, pero no sus almas.
Porque sus almas habitan en la casa del mañana que vosotros no podéis visitar, ni siquiera en sueños.
Podéis esforzaros en ser como ellos, pero no busquéis el hacerlos como vosotros”.