Soy de las que consideran que las relaciones familiares de antes no eran mejores que las de hoy en día.Por consiguiente, no puedo estar de acuerdo con quienes afirman que la educación que reciben nuestros niños y adolescentes, en la actualidad, es peor que la recibida por nosotros, de nuestros padres o abuelos. En mi opinión, se trata de una manera distinta de educar, la cual, pretende cumplir con las exigencias impuestas por la sociedad y adaptarse a la evolución de los tiempos.Es natural que algunos padres tiendan a proyectar en sus hijos los mismos patrones educativos que ellos recibieron cuando eran niños. Otros, en cambio, evitarán aplicarlos por no parecerles los más adecuados. Prefieren actuar de una forma diferente a la de sus progenitores, haciendo uso de los nuevos modelos educativos que, lejos de fundamentarse en la autoridad, persiguen inculcar la responsabilidad que supone la libertad de elección.Aunque no me gusta generalizar, me atrevo a decir que, en cada una de las familias, encontraríamos aciertos y equivocaciones en la manera de educar. Así como, diferentes formas de expresar la afectividad y de corregir a los hijos. Posiblemente, nos resultaría muy difícil estar de acuerdo con todas ellas. Por ello, recomiendo abstenerse de emitir alguna opinión, a menos que los educandos recaben algún tipo de ayuda para llevar adelante su ingente labor.Pienso que hoy sería prácticamente imposible reproducir modelos de educación de otros tiempos, pues la vida ha cambiado de forma sorprendente. Lo que sí podemos hacer es revisar cuáles eran algunas de las enseñanzas valiosas de entonces, reflexionar acerca de ellas, y comprobar si pueden ser de aplicación en el ámbito de nuestra familia. Yo creo que encontraríamos más de una. En cuyo caso, recomendaría tratar de transmitirlas mediante nuestro ejemplo. Será la demostración patente de su vigencia en la sociedad actual y que tienen vocación de futuro, aunque provengan del pasado.Hace unos días, me llamó poderosamente la atención un debate televisivo, a raíz de un vídeo que está circulando por las redes sociales. En el mismo, una madre está hablando por el teléfono móvil, mientras que su hija está haciendo lo posible por llamar su atención. Como es fácil imaginar, la conversación que mantenían los tertulianos giraba en torno a la demonización de los teléfonos móviles y a la utilización que de los mismos hacen los padres; la cual, aún en presencia de los hijos, les impide tener la más mínima comunicación con ellos. Los comentaristas eran ajenos a cualquier tipo de variable o problema. No se planteaban si esa madre había estado horas jugando, hablando y contándole cuentos a su hija. No sabían si tuvo que hacer una llamada urgente, ante la preocupación que tenía por la grave situación que estaba atravesando su mejor amiga. Aunque, hablara por teléfono, no se plantearon que esa madre seguía estando pendiente de su hija.Tampoco, se plantearon que la madre pudiera juzgar necesario que su hija aprendiera a respetar esos momentos en los que, sus progenitores, estén hablando con alguien. Es muy importante que los niños aprendan que no siempre van a conseguir aquello que quieren, de manera inmediata. A veces, será necesario que esperen un poco, que se ocupen jugando o pintando, mientras la persona que está con ellos puede escucharles y atenderles. Los niños deben aprender a tener cierta tolerancia a la frustración. Deben saber que, a veces, las situaciones se presentan de forma distinta a lo que ellos quisieran.Quienes grabaron el video en cuestión, y quienes lo difundieron, persiguieron el objetivo de centrarse en lo que sucedió, durante un breve momento; pretendiendo que fuese representativo de lo que ocurría, a lo largo del día. Por lo que recuerdo del debate, los profesionales de los medios se centraron en lo negativo. No les interesó poner de manifiesto que un vídeo tan corto no refleja la realidad de lo que sucede en el ámbito familiar, durante el resto del tiempo. Tampoco, que pueden causar mucho daño.Estoy de acuerdo en que debemos prestar atención a la utilización que hacemos de la tecnología y de las diferentes maquinitas o pantallas. Como ocurre con tantas otras cosas, deberemos moderar su uso, regularlo y gestionarlo. Tener en cuenta que si para nosotros lo más importante es la relación que tenemos con nuestra pareja, nuestros hijos y amigos, es preciso que les dediquemos tiempo, atención, apoyo y cuidados. Para ello, deberá haber momentos libres de móviles, ordenadores o televisión.Lo que me molesta sobremanera es que se generalice, haciéndonos creer que todos los padres y las madres actúan de forma parecida y cometen los mismos errores con sus hijos.No creo improcedente decir que, en todas las épocas, habrá habido padres y madres que no hayan prestado a sus hijos toda la atención amorosa y los cuidados que ellos hubieran necesitado y deseado. Por su forma de ser, por estar trabajando, debido a problemas personales o de salud, por falta de información, por exceso de ocupaciones o por su concepción sobre lo que son la educación y las relaciones familiares.Pero, a lo largo de las distintas épocas y lugares, la mayoría de las madres, y cada vez mayor el número de padres, han estado presentes en la vida de sus hijos y les han prestado la atención necesaria. Lo han hecho con amor, procurando mantener el mayor equilibrio, ayudándoles a que se conozcan a sí mismos y a que vayan descubriendo quiénes quieren ser. Han actuado de manera respetuosa, guiándoles y siendo un buen ejemplo para sus retoños. Les han escuchado, al tiempo que han establecido unos límites saludables.Imagen encontrada por internet: En la playa, madre e hijos. Pintura al óleo de Edward Henry Potthast.
Artículos y mensajes que ayuden a reflexionar sobre la vida, las relaciones interpersonales, familia, pareja, psicología, pensamiento, creatividad...
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miércoles, 26 de junio de 2019
No creo que la educación recibida de nuestros padres fuera mejor que la que procuramos dar a nuestros hijos
domingo, 6 de enero de 2019
¿Cómo ser padres? ¡Que nos lo enseñen en la escuela!
¿Acaso existe un hecho tan trascendental como el momento mágico de dar entrada en nuestras vidas al hijo que acaba de nacer, después de nueve meses de ilusionada espera y un doloroso parto? ¿Y, de aquel que, con igual desvelo e impaciencia, hemos recibido en adopción, una vez culminado un proceso administrativo que llegó a parecernos interminable? Aunque no seamos conscientes de ello, tengamos la seguridad de que no existe un don tan gratificante.A pesar de que, por mucho que lo hubiésemos sospechado, nos sorprenda que haya llegado la hora de introducir cambios en nuestra forma de vivir, en la distribución del tiempo y en nuestra forma de pensar. Que tengamos que afrontar los días, con la entrega de renovadas fuerzas para sacar adelante a nuestro hijo. Que, como progenitores, debamos aceptar una nueva razón de ser para el resto de nuestras vidas. Y, de manera muy especial, que tengamos que aprender a desempeñar nuestras muchas responsabilidades.Un hijo, debería llegar con un manual de instrucciones, bajo el brazo. Porque, por mucho que hayamos oído hablar sobre cómo debe ser la educación de un hijo, se nos negó la más mínima formación a lo largo de los años que estudiamos en la escuela. Tampoco la tuvieron, quienes accedieron a la Universidad y cursaron estudios superiores. ¡Sorprendente, la sociedad en la que vivimos¡ ¡Cada vez, nos pide un mayor grado de conocimiento para el ejercicio de los distintos trabajos profesionales! ¡En cambio, no exige requisito alguno para desempeñar la gran responsabilidad inherente al hecho de ser padres!Será que, por muy seres humanos que seamos, la sabia naturaleza querrá que aprendamos de los animales irracionales que conviven en nuestro planeta. Ellos, no tienen la posibilidad de ir a ninguna escuela. Sin embargo, asumen el papel de padres, con ejemplar dedicación y responsabilidad. No importa la pareja que se tome como ejemplo, veremos cómo el macho protege a la hembra, durante todo el tiempo que dura el embarazo y hasta la llegada de los retoños. Defendiendo las madrigueras instaladas entre sabanas, herbazales y juncales, las cuales, cambian periódicamente de lugar, en evitación de que los olores atraigan a los temidos depredadores. En el caso de las aves, colaborando en la laboriosa tarea de la construcción del nido, empollando pacientemente los huevos y saliendo en defensa de los enemigos que puedan estar al acecho.Los machos participan en la dura obligación diaria de la provisión de alimentos y, más tarde, en la educación de cachorros y polluelos, respectivamente. Es entonces, cuando se trata de enseñar a los hijos la manera cómo han de aprender a caminar y a volar. Y, sobre todo, de aquello que deben hacer para cuando haya llegado el día de dejar el hogar familiar y proyectar su propia vida.En mi opinión, algo muy parecido sucede con los seres humanos. Pero, llegados a este punto, quisiera poner un especial énfasis en la importancia que, el ejemplo de los padres, tendrá en los hijos. Porque, toda cuanta educación reciben los animales irracionales, la obtienen en base al ejemplo de sus progenitores. ¡Pues, estos, no tienen la facultad del raciocinio ni del habla!Una vez que los cachorros han abandonado la madriguera y el nido los polluelos, el tiempo hará que ningún tipo de reconocimiento tenga lugar entre ellos y sus progenitores. El Creador quiso que no ocurriera lo mismo, en el caso de los hombres. Antes, al contrario, que los hijos puedan disfrutar del amor de sus padres, mientras estos vivan. Pero, como dice el gran poeta libanés Khalil Gibrán:“Vuestros hijos no son vuestros hijos.Son los hijos y las hijas del anhelo de la Vida,ansiosa por perpetuarse.Por medio de vosotros se conciben, más no de vosotros.Y, aunque estén a vuestro lado, no os pertenecen.Podéis darles vuestro amor, no vuestros pensamientos,porque ellos tienen sus propios pensamientos.”En mi opinión, estos versos son una severa advertencia para los padres que quieran interferirse en la vida de sus hijos. Es preciso que entiendan que deben respetar la libertad de quienes fueron sus retoños. De nada deben preocuparse, pues ellos ya hicieron entrega de su ejemplo y de su amor a sus hijos.Imagen encontrada en internet:
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viernes, 2 de noviembre de 2018
Cruce de correos electrónicos
A las postrimerías de una reciente tarde, un tanto tediosa por cierto, recibí de mi amigo Miguel el cruce de correos que se había generado, como consecuencia del breve comentario que había enviado a Luis, una persona cuya amistad hemos tenido el privilegio de compartir, desde hace muchos años.Encontré sumamente interesante el mencionado intercambio de correos electrónicos y pedí su autorización para compartirlo con ustedes, agradeciéndoles de antemano que se sumen al debate suscitado por mis dos amigos. Ambos, son muy amantes de los perros y, aunque Miguel renunció a que entrara en su hogar una nueva mascota, después del no muy lejano fallecimiento de la anterior, me imagino a Luis escribiendo mientras su inseparable perrito “Morgan” está a su lado, tal como he pretendido representar por medio del dibujo que he elegido para acompañar el presente artículo.El comentario al que he hecho mención se produjo como consecuencia de que Luis le enviara a Miguel los resultados obtenidos en una de las preguntas que aparecían en una encuesta elaborada por el Pew Research Center, la cual, adjunto. Simplemente, se trataba de responder si los entrevistados estaban en desacuerdo, o de acuerdo, con la siguiente afirmación: “Nuestra gente no es perfecta, pero nuestra cultura es superior a las demás.”
A la vista de todo lo cual, Miguel le respondió a Luis, de la manera siguiente: “Curiosa encuesta y sorprendente el resultado, en el caso de España.”Esa frase, obtuvo una sorprendente contestación, por parte de Luis. Con la esperanza de que les parezca tan interesante, como a mí, me limito a trasladársela íntegramente:“La verdad es que no me ha extrañado mucho porque estoy convencido que el ciudadano español en general acarrea desde hace mucho tiempo un complejo de inferioridad colosal.Cuando yo vivía en España, antes de irme a América, ya existía este complejo de inferioridad pero en aquellos tiempos tenía una explicación muy lógica: España era un país bastante pobre y además sumido en una dictadura que hacía que muchos otros países nos vieran como un país inferior. Esto lo vi confirmado muy claramente durante el tiempo que viví en París.Pero ahora, 55 años más tarde, de vuelta a España después de haber vivido en los Estados Unidos durante 46 años, me he dado cuenta que este complejo de inferioridad persiste. Yo, por razones obvias, estoy en una situación ideal para poderlo apreciar. Los cambios que han tenido lugar en este país durante estos últimos 46 años han sido brutales, pero como sea que han tenido lugar de una forma muy paulatina, los españoles no se han dado ni cuenta.Una de las manifestaciones más claras de este complejo de inferioridad es la obsesión con copiar todo lo que sea extranjero y especialmente todo lo norteamericano. Esto ya existía en los tiempos de Franco pero de una forma casi imperceptible. En estos últimos años la mencionada obsesión ha llegado a límites que considero son deprimentes e incluso vergonzosos.El que la sociedad española haya copiado de arriba abajo a la sociedad norteamericana es para mí un hecho sorprendente. Pero la parte que he encontrado más dolorosa ha sido la copia descarada, brutal e ignorante de todas las construcciones gramaticales inglesas (norteamericanas) y la burda creación de una cantidad de palabras que nunca han existido en el idioma castellano y que son una copia directa de vocablos de uso corriente en los Estados Unidos. En otras palabras, estamos destrozando nuestra propia lengua para así poder tener la ilusión de que somos más modernos y más "guays".Cuando he comentado esta destrucción de nuestro idioma nacional, veo que las personas con las que hablo no lo entienden muy bien. Y me doy cuenta que hay mucha gente, incluso aquellos que se consideran cultos, que ni siquiera se han percatado de esta tragedia. Y ello es naturalmente debido al hecho que ha sido una infiltración paulatina y solapada que ha sido no solamente aceptada sino también alentada y acogida con los brazos abiertos por las más altas esferas de la sociedad española y por las personas más respetadas, incluyendo los intelectuales (¿cómo es posible?), los medios de comunicación, las grandes empresas y los políticos.Yo incluso tengo una libreta donde he ido apuntando todas las barbaridades que he oído en este último año y medio. No solamente las palabras inventadas que nunca habían existido en nuestra lengua, sino también las palabras, giros y expresiones típicamente norteamericanas que se han españolizado de la forma más burda y descarada. A esto se le podría añadir el uso incorrecto de los tiempos de los verbos (¡si “el Yeti”, nuestro profesor de Literatura, lo oyera, se volvería a morir!). Y, también la acogida de vocablos de origen sudamericano que son igualmente incorrectos ya que son ellos mismos copias de vocablos norteamericanos.Es un tema muy delicado ya que me he dado cuenta que las pocas personas con las que lo he sacado a colación, tienden a ponerse a la defensiva y creen que lo hago con el afán de menospreciar a España y ensalzar a los Estados Unidos. Esto es totalmente incorrecto y en realidad es todo lo contrario. Me duele que España tenga tan poca dignidad como para copiar a otros países y empobrecer nuestra identidad nacional cuando no hay razón alguna para hacerlo.Perdona el rollo pero como verás es un tema que me preocupa tremendamente hasta el punto que hace que no pueda ni ver los telediarios (¡no te exagero!) porque me da la impresión que voy a tener un ataque de corazón.”La respuesta de Miguel, también, nos da elementos para la reflexión:Querido Luis:Ya sé que el deterioro de la lengua española es un tema que te disgusta enormemente. A mí, me sucede lo mismo. Es incomprensible que los integrantes de la Real Academia Española de la Lengua no salgan en defensa de nuestro idioma, a pesar de que argumenten todo lo contrario. Pero, no tan sólo los académicos son responsables de esta magna catástrofe. En mi opinión, lo son todos cuantos están directa o indirectamente involucrados con el sistema educativo de este país, llamado España. Al mismo tiempo, todas cuantas personas permiten, desde sus puestos de responsabilidad, que se perpetren infinidad de atentados contra la Gramática Española.La encuesta que me enviaste decía que el 75% de los españoles estaban en desacuerdo con la afirmación de que el nivel cultural de su país fuese superior a otros. No te oculté mi sorpresa. Desde la privilegiada atalaya que más de cuarenta años de residencia en USA te han proporcionado, puedes observar lo que ha ocurrido y está ocurriendo en España. Y, si no me equivoco, tu fundamentas tan terrible problemática en el complejo de inferioridad que tienen los españoles, después de haber analizado certeramente la evolución que nuestro país ha experimentado, en todos los órdenes, desde la muerte de Franco.Sin embargo, me permitirás discrepar de tu diagnóstico. Si así fuera, con ser grave, el problema se solucionaría con un masivo programa de estimulación anímica de la gente. A mi entender, la situación que vivimos es mucho más grave y la atribuyo a una falta de cultura.Los españoles no tenemos ningún complejo a la hora de lanzar a los cuatro vientos que somos los mejores. Lo hacemos, sin ningún complejo, cuando celebramos algún triunfo individual o colectivo. Cuántas veces no has oído que somos los mejores en tenis, en automovilismo, en ciclismo, etc. por el simple hecho de que algún paisano nuestro se ha proclamado campeón. Ni qué decir tiene, cuando se trata de alguna de nuestras selecciones deportivas. Lo mismo sucede con la música, con la ópera, con el baile y con muchos otros ejemplos.Lamentablemente, Luis, quedan muy pocos "Yetis" en nuestro país. Los pocos que aún no se han rendido han quedado acallados por la explosión de las nuevas tecnologías, por los medios de comunicación, por las redes sociales...Tengo el convencimiento de que ha sido muy relevante el desarrollo experimentado por los españoles en los aspectos económicos, tecnológicos y deportivos. En la cultura, en cambio, el retroceso sufrido desde que tú y yo estudiábamos Bachillerato, ha sido más que penoso. Podrás comprobar fácilmente lo que te digo al ver la reacción de las personas cuando alguno de nuestros jóvenes se muestra interesado por el Arte, la Literatura, la Filosofía, la Filología, etc. Porque, ninguna de estas carreras ofrece expectativas medianamente satisfactorias, desde el punto de vista de las retribuciones económicas que percibirán, si tienen la fortuna de encontrar un puesto de trabajo.Te envío un abrazo.Imagen encontrada e internet: https://s3.amazonaws.com/uploads.hotmart.com/blog/2017/05/trabajar-en-casa-670x419.png
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