Recuerdo que, hace unos cuantos años, me conmovió mucho la lectura del libro “La muerte íntima”, de Marie de Hennezel. Me viene a la memoria en ocasiones y, en especial, cuando alguien se encuentra ante los momentos finales de la vida de un ser querido.El libro al que me estoy refiriendo, recoge la experiencia profesional de la autora y los testimonios de quienes estaban internados en el que, muy a finales del siglo pasado, fuera uno de los más exitosos centros pioneros en cuidados paliativos para enfermos terminales de cáncer y de sida, ubicado en París. Su autora, que es psicóloga, recibe de sus pacientes auténticas lecciones de fortaleza, vulnerabilidad y proximidad, las cuales, desea compartir con sus lectores.Marie de Hennezel, dedicó muchos años de su carrera a acompañar a estas personas durante la última etapa de sus vidas, cuando se encontraban frente al duro e íntimo proceso de afrontar y asumir la muerte. Mientras iban recordando sus miedos, sus angustias, sus deseos no satisfechos y los amores no siempre correspondidos, de sus familiares y seres queridos, la doctora procuraba hacerles entrega de su incondicional apoyo, afecto y comprensión. Intentando atemperar viejos temores e inseguridades que la inminencia de la muerte hace resurgir; lo cual, es comprensible cuando alguien se siente más desprotegido y vulnerable.Hace unos días, al hilo de un debate que, mi marido y yo, manteníamos acerca del amor y los desvelos que las madres dedican a la infancia de sus hijos, me comentó que le había parecido aterrador un ejemplo que Marie de Hannezel plasmaba en “La muerte íntima”. Al ver que yo lo recordaba vagamente, me pidió que releyera el capítulo en cuestión.La autora se refiere a Christine, una mujer de apenas treinta años, que agonizaba a causa de un cáncer de útero generalizado. Christine se mostraba bastante serena, e, incluso, hacía gala de gran madurez en su modo de afrontar esta última fase de su vida. Una entereza que contrastaba marcadamente con los episodios de pánico, similares a los terrores nocturnos de la infancia. Padecía de ataques incontrolables e imprevisibles, en los que veía la habitación llena de serpientes que reptaban hacia su cama. Cuando ello ocurría, se levantaba de un salto, profiriendo alaridos.A pesar de habérsele prescrito un tratamiento para este tipo de alucinaciones, los episodios persistían, si bien eran breves y remitían al cabo de unos momentos.Una mañana, la autora vio a Christine furiosa en medio del vestíbulo, gritando a voz en cuello. El médico y una enfermera intentaban sujetarla para evitar que saliera huyendo. Al ver lo que sucedía, Marie se acercó para echar una mano. Christine gritaba que le perseguían las serpientes y suplicaba que la protegieran. Sin pensar muy bien lo que hacía, la levantó en vilo, cosa que no le costó ningún esfuerzo debido a su escaso peso, y la llevó a la salita contigua, donde se dejó caer en el sofá y, estrechándola, comenzó a mecerla suavemente mientras canturreaba el nombre de ella. La paciente se quedó sentada sobre las rodillas de la terapeuta, posiblemente recordando que, en su infancia, esta posición le inspiraba seguridad. A pesar de sentir los brazos de la psicóloga alrededor de su cuerpo y la protección que le otorgaban, frente al peligro invisible, siguió muy alterada durante un buen rato.Finalmente, dejó de gritar; aunque, empezó a sollozar ruidosamente. Entonces, con una voz infantil entrecortada por el llanto, Christine le contó acerca de los terrores de su niñez. Su madre coleccionaba serpientes vivas que guardaba dentro de grandes tarros de cristal y que soltaba cuando quería castigar a su hija por no haberse portado bien. La psicóloga confiesa que casi no podía creer semejante crueldad, que le resultaba muy difícil admitir que una madre pudiese hacer algo así.Marie se esforzaba por conseguir que la joven se diera cuenta de que, en el mundo, hay lugares en los que uno podía sentirse seguro. Por el momento, sus brazos le transmitían confianza y le hacían experimentar un sentimiento de seguridad.Bibliografía:“La muerte íntima”, de Marie de Hennezel. Publicado por Plaza & Janés.Imagen encontrada en internet:
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viernes, 16 de noviembre de 2018
El resurgir de los temores e inseguridades de la infancia
lunes, 26 de marzo de 2018
La realidad del maltrato infantil, según Alice Miller
Me refiero al maltrato infantil, una práctica en exceso extendida entre quienes la consideran necesaria para la adecuada educación de niños y adolescentes.Conviene tener en cuenta que la utilización de la violencia puede ocurrir en cualquier sitio: en el hogar, en las guarderías, en los colegios, en los espacios de ocio, en las calles… En ciertos países, la encontramos, incluso, en orfanatos, centros de atención a menores, correccionales y en aquellos lugares de trabajo en los que los niños son cruelmente explotados.El maltrato infantil ha sido ignorado, intencionalmente, por todos aquellos que lo emplean, con la excusa de que siempre se ha utilizado para lograr una “buena educación” de los niños y de los jóvenes, para refrenarlos, para controlar su rebeldía y para obligarlos a cumplir los mandatos de los adultos, quienes saben qué es lo que les conviene.No debemos ampararnos en las tradiciones para justificar los malos tratos. Que se haya hecho durante tantos años, que algunos los hayan sufrido en su infancia o que todavía estén sometidos a la violencia de otros, no es excusa para que se sigan perpetuando estas prácticas, que tendrán unas graves consecuencias sobre las vidas de otros seres.Desde hace un tiempo, estoy dándole vueltas al hecho, difícil de comprender, de que personas que sufrieron unas formas de educación demasiado estrictas, incluso represivas y abusivas, puedan olvidarse del daño recibido, o justificarlo, llegando a reproducirlo en los menores o permitiendo que otras personas les hagan daño.La violencia contra los menores no es algo privado. Por ello, es necesario que haya más personas que tengan una posición crítica al respecto, logrando ser un apoyo para estos niños, y, asimismo, contribuyendo para que los adultos asuman otras formas no violentas de relación y de educación.Alice Miller, dejó su carrera como psicoterapeuta para consagrarse por completo a la investigación sobre los efectos del abuso infantil, sus trágicas consecuencias en la vida adulta y la búsqueda de formas de sanar el daño causado. Compartió los resultados en sus libros, artículos y entrevistas. Utilizaré, para este escrito, parte de la información incluida en un artículo de su página web: Retrato de Alice Miller. Sobre la realidad de la infancia.Las diferentes formas de maltrato infantil, no solo producen niños infelices y confusos, sino también adolescentes desadaptados o destructores y padres abusivos.Encontré un dato que me llamó mucho la atención. Se afirmaba que, de los ciento noventa y dos países miembros de la ONU, solamente dieciocho habían prohibido los malos tratos físicos a los niños. Ello puede servirnos para ver la dimensión del problema, a nivel planetario.Alice Miller señala que el hecho de que los niños sean golpeados en todo el mundo, se encuentra en las raíces de la violencia que existe en la mayoría de los países. Los efectos del maltrato, son especialmente graves si éste ocurre durante los primeros años, cuando el cerebro del niño se está estructurando. Aunque los daños causados por esta práctica son devastadores, desafortunadamente, apenas son percibidos y reconocidos por la sociedad.No obstante, parecería ser algo fácil de comprender: puesto que a los niños se les prohíbe defenderse de la violencia dirigida hacia ellos, deben reprimir las reacciones naturales, como la ira y el miedo. Más tarde, siendo adultos, descargan estas fuertes emociones contra otros; entre ellos, contra sus propios hijos.La omisión, por parte de la sociedad, de la valoración acerca del daño que el maltrato ocasiona en los niños, puede producir comportamientos extremadamente peligrosos, tales como la brutalidad, el sadismo y otras desviaciones. A los cuales, algunos especialistas decidirán calificar de “trastornos genéticos”, cuando en realidad han sido causados por métodos de educación abusivos. Únicamente, la toma de conciencia de este dinamismo perverso, es lo que nos permitirá romper la cadena de la violencia, para que no siga reproduciéndose, de unas generaciones a otras.Alice Miller desarrolló un modelo de terapia que propone confrontar el pasado. Con el objetivo de que los pacientes tomen consciencia del miedo que experimentaron cuando, de niños, fueron maltratados. Deben descubrir qué fue lo que sucedió y lo que sintieron cuando eran pequeños y tuvieron que reprimir sus emociones. Conviene que lo sientan nuevamente y que lo comprendan, para luego poder liberarse de sus efectos dañinos. El miedo infantil hacia los padres todopoderosos es el que empuja al adulto a maltratar a otros, o bien, a aceptar vivir con graves problemas mentales, minimizando o evitando, reconocer la crueldad de sus propios padres.Cuando el niño, el adolescente o el adulto, logran comprender lo que sintieron ante el maltrato, cuando se dan cuenta de que no hay algo innatamente malo en ellos, cuando son capaces de reconocer que fueron objeto de un trato muy dañino por parte de sus padres u otros adultos, pueden aprender a dejar atrás todo ese dolor y construir una nueva vida, sin la necesidad de infligir, a los demás, un daño similar; o, permanecer siendo las eternas víctimas de las personas con las que se relacionen.
Bibliografía:Retrato de Alice Miller. Sobre la realidad de la infancia. http://www.alice-miller.com/es/sobre-la-realidad-de-la-infancia/Profile of Alice Miller. Towards the reality of childhood. http://www.alice-miller.com/en/profile-of-alice-miller/
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lunes, 29 de agosto de 2016
Para su protección y cuidado, el niño necesita de nosotros, los adultos
A la mayoría de los padres, les resulta prácticamente imposible estar todo el tiempo cerca de sus hijos. Necesitarán de otras personas, familiares, amigos, cuidadores o profesores, que les ayuden con la labor de cuidarlos y educarlos. ¡Por favor! Si necesitan recurrir a otros, conozcan lo mejor posible a esas personas que estarán tan cerca de sus niños. En casa, en la guardería, en el colegio… Que sean amorosos, que tengan paciencia, que los traten bien, que sean unas buenas personas, que tengan estilos educativos parecidos a los de ustedes... ¡Quiero pensar que la mayoría de las personas, que cuidan de nuestros hijos, son así!Este escrito no pretende crear alarma. No es mi propósito que los padres se angustien por dejar a sus hijos al cuidado de otras personas, cuando así lo necesiten. Es un llamado a la prudencia, al sentido común y a que no se olviden de que tienen una gran responsabilidad, la cual no pueden eludir: la de velar por todo lo que se relacione con la vida de sus hijos. Por favor, tengan sumo cuidado en la elección de las personas que les ayudarán con el cuidado y educación de sus retoños.Hagan un seguimiento de cómo se encuentran sus hijos, cuando están en compañía de ellos. Lo deseable es que los niños se encuentren a gusto y seguros, con sus cuidadores habituales u ocasionales; con aquellas personas con las que deban convivir durante horas.Permanezcan atentos a cualquier señal o comentario de los niños, acerca de esas personas que les cuidan. Tanto a aquellos que sean positivos, como a los que puedan entenderse como queja o reclamación, por muy tímidas que las mismas sean. ¡Confíen en sus hijos! Si les dicen algo, ¡investiguen! ¡Averigüen la verdad! El niño recurre a sus padres para su protección ¡No cometan el gran error de confiar más en los adultos, que en los niños! Algunos cuidadores o formadores buscarán cómo justificar sus actuaciones para defenderse ante las acusaciones de los niños; quizás, mintiendo o culpándolos de haberse inventado un cuento. ¡Ojo! ¡Mucho cuidado! En ocasiones, los cuidadores pudieran hacer uso de amenazas para evitar que su indebido comportamiento con los niños llegue al conocimiento de los padres, de la familia, personas del colegio… Conozco el caso de unos niños que fueron francamente maltratados, obligados a callar bajo amenaza, incluyendo el mostrarles un cuchillo de cocina: “Si les cuentan algo a sus padres, los mato”. Uno de ellos, muy pequeño, que apenas estaba aprendiendo a hablar, dejó de hacerlo, durante muchos meses. Supongo que el miedo le indujo a sellar su boca para evitar decir lo que sucedía. Mientras los niños estaban sometidos al régimen del terror, ¡sus padres, sin enterarse de lo que pasaba en su casa!Son muchos los críos que sufren las consecuencias del trato que les infringen otros. Gritos, castigos, amenazas, por no decir otras cosas peores.No olvidemos que la responsabilidad del cuidado y formación de los hijos siempre es de sus progenitores, siendo ellos, quienes tienen la misión de ayudar a sus hijos cuando así lo requieran.Si, cualquiera de nosotros, conoce de algún niño que lo está pasando mal, debido al comportamiento de otros, jamás pensemos que no es asunto nuestro. ¡Sí lo es! ¡Sí debemos ocuparnos de lo que sucede! ¡Hay niños que se encuentran indefensos ante las actuaciones de algunas personas adultas! Si tenemos conocimiento de ello y no hacemos nada, seremos cómplices de su sufrimiento. Si, sus padres, no cumplen adecuadamente con esa obligación de protegerles y cuidarles, ¡la sociedad debe hacerlo!
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viernes, 26 de agosto de 2016
Aprendamos de la asertividad natural de los niños
La incipiente asertividad natural que observamos en el comportamiento de los bebés y de los niños, nos ayudará a comprender mejor algunos elementos importantes que forman parte del concepto que nos viene ocupando, la asertividad.No pretendo decir que haya que imitar los comportamientos de los niños pequeños. ¡Ni más faltaba! La idea básica es la de que podamos desprendernos de ciertas actitudes y creencias limitantes, las cuales nos impiden encontrarnos a gusto con nosotros mismos y relacionarnos mejor con otras personas. Tendremos muchas más probabilidades de obtener lo que es importante para nosotros, si se lo expresamos a los demás, si les orientamos sobre lo que nos gusta y sobre aquello que nos molesta. Si establecemos unos límites razonables a lo que les permitimos y de lo que no estamos dispuestos a aceptar en nuestras relaciones personales.En los adultos, a diferencia de lo que sucede en la primera infancia, la utilización de la asertividad será consciente y obedecerá a la intención de comunicarse de forma adecuada. Tendrá mucha más entidad y profundidad que la desplegada por los niños. Se utilizarán la comunicación verbal, los conocimientos y las experiencias previas, para relacionarse de forma asertiva con otras personas; sin callar sus necesidades, preferencias y las cosas que les afectan. Sin ser, tampoco, agresivos o manipuladores, evitando imponer los propios puntos de vista.Cuando se observa la forma de comportarse de los bebés y de los niños de muy corta edad, uno puede percatarse de que, a su manera, ellos expresan con toda claridad lo que quieren, lo que necesitan y lo que no les gusta. Además, poseen una característica muy importante, de la que adolecen, con frecuencia, los adultos: la persistencia. Son constantes en sus demandas e incluso pueden manifestar diferentes conductas, algunas de ellas muy creativas, llamativas o sofisticadas, para conseguir lo que consideran importante.El niño pequeño protesta abiertamente cuando se le hace daño y cuando tiene algún problema, dolor o necesidad. Si le sucede algo que no le gusta, se lo hace saber inmediatamente a los demás, mediante gemidos, lloros y otras actuaciones más llamativas; a cualquier hora del día o de la noche, siendo muy persistente. Raramente deja de comunicar al mundo su disgusto, hasta que alguien hace algo por remediarlo.Luego, cuando empiezan a gatear y a caminar, los niños hacen todo lo que se les pasa por la mente, de manera asertiva y persistente, en el momento en el que les apetece hacerlo. Como se dice en España, de forma elocuente y clara, ¡hacen todo lo que les da la gana y cuando les da la gana! Lo tocan todo, lo muerden, lo rompen, lo tiran… Exploran hasta el último rincón de la casa. Se meten en cualquier sitio, se suben a lugares peligrosos o se introducen en los sitios más insospechados. Saltan, se tiran desde cualquier mueble, van detrás de no importa qué animal o persona…Estas conductas irán modificándose con los años, con la actuación y la colaboración de los padres y otros adultos. Se reducirán notablemente o podrán volverse más problemáticas o dañinas. Los resultados, en los niños, serán diferentes, dependiendo de la forma de ser del mismo, del tipo de educación que reciba y de las medidas utilizadas, por los adultos, para que aprendan a modificar o eliminar aquellos comportamientos que puedan resultar molestos o que sean potencialmente peligrosos.El niño continuará siendo asertivo, adquiriendo cada día una mayor confianza en sí mismo y en la capacidad de solucionar los problemas que se le presenten o, como ocurre con demasiada frecuencia, irá perdiendo esa espontaneidad que le caracterizaba, adoptando aquellos comportamientos que son bien vistos socialmente y que no son problemáticos para los adultos que están encargados de cuidarle. Algunos, los que no se adapten, terminarán desarrollando lo que algunos consideran como problemas de conducta. También, podrán ser agresivos o manipuladores.
Algunos padres o cuidadores son personas amables y cercanas, que respetan la curiosidad infantil y su necesidad de explorar el mundo. Permiten que los niños vayan descubriéndose a sí mismos y a su mundo circundante, mientras adquieren conocimientos y destrezas, que les habrán de ayudar a desarrollar su inteligencia, así como lograr un mayor conocimiento y una mejor regulación de sus emociones. Estos adultos comprenden cuáles son las necesidades de los infantes e incluso les acompañan durante el descubrimiento de todo lo que les asombra y llama su atención, repetitivamente. Quiero agregar algo a lo dicho, haciendo especial énfasis en ello: estos padres también ponen límites a algunas conductas de sus hijos, por medio del ejemplo, el diálogo y diciéndoles lo que ellos quieren que sus hijos no hagan. Por ejemplo, gritar, pegar, insultar a otros, tratar mal a las personas, animales o cosas; el desorden, ensuciar, realizar conductas peligrosas... Serán límites a las conductas no a la persona. Se harán desde el amor y el respeto. No harán que el niño crea que es "malo" o que se sienta rechazado, humillado, atemorizado, minusvalorado... No se le enseñará a sentirse culpable por lo que hace, de acuerdo a los criterios de los adultos sobre lo que es "bueno" o "malo", "el qué dirán"...Se trata de guías atentos y cariñosos que se anticipan a los posibles riesgos y peligros. Toman precauciones para que, los niños a su cuidado, no sufran percances, no destrocen cosas, no puedan hacer daño a otros. Como resultado de esta forma de entender su papel en relación con el niño, éste seguirá desarrollando esa asertividad natural. Adquirirá una buena autoestima, seguridad en sí mismo, fortaleza para superar las dificultades que se le vayan presentando y tendrá la capacidad para establecer unas buenas relaciones con el resto del universo.Otros adultos, por diversas razones, entre ellas el peso de las costumbres y la educación que recibieron, pondrán excesivos límites a las actuaciones de los niños, controlando todo lo que hacen. Asfixiando en ellos cualquier atisbo de espontaneidad. Impedirán que los críos hagan lo que, a ellos, les desagrada, lo que no está bien visto, lo que les molesta. El mundo se ve desde el punto de vista de los adultos, de sus necesidades, sus obligaciones y el tiempo que tienen disponible. Es como si desearan que el niño dejara de ser niño lo antes posible. Que no grite, que no llore, que no moleste, que no pida constantemente lo que desea; que el niño es el que debe entender que los adultos están cansados, molestos o enfadados y por eso debe portarse bien. A mi parecer, ¡es el mundo al revés! Somos los adultos quienes debemos rectificar nuestra forma de pensar y modificar nuestros horarios para poder dedicar tiempo a los hijos, de forma que se conviertan en la prioridad más importante de nuestras vidas.En lugar de escuchar a los niños y acompañarlos en su desarrollo, les imponen normas, les obligan a seguir "las buenas costumbres". Una cosa es guiarlos y enseñarles lo que es conveniente que aprendan; otra, muy diferente, es forzarles a hacer determinadas cosas porque ¡así es como hay que hacerlas! ¡Impongo y mando! ¡Así debe ser y punto! ¡Porque lo digo yo! En la mayoría de los casos, sin ningún tipo de reflexión previa por su parte, repiten en los hijos lo que a ellos les hicieron y les dijeron. Obran de esta forma, a pesar de que en muchos momentos de su vida, protestaron y criticaron la forma como fueron tratados y sometidos a disciplina, en su infancia. Normalmente, los padres que actúan así, no lo hacen con mala intención. Seamos benévolos, pensando que, muchos de ellos, desean lo mejor para sus hijos y creen que lo que hacen está bien o que no hay otra forma de educar a las criaturas. Pero, todo lo anteriormente dicho, contribuirá a que crezcan como niños inseguros, temerosos, dependientes y con poca confianza en sí mismos. Hará que procuren complacer a los adultos, adoptando el comportamiento que se espera de ellos, con tal de tener su atención y su afecto.Algunos de ellos, se convertirán en niños pasivos, que no saben responder asertivamente. Otros, se rebelarán muy a menudo. Es posible que los que son rebeldes, sin llegar a ser agresivos, puedan conservar parte de su asertividad natural. Los que son agresivos, tampoco sabrán resolver sus problemas de forma asertiva.Lamentablemente, todos esos niños se habrán olvidado de lo que es ser asertivos. Posiblemente, se habrán olvidado, incluso, de ser ellos mismos. Pero, en algún momento de su vida, será deseable que intenten rescatar la seguridad y espontaneidad que tuvieron cuando eran pequeños, por mucho esfuerzo que ello suponga.
Nota: Por algunos comentarios, veo que éste es un tema que no deja indiferentes a algunas personas. Quiero que piensen cómo puede influir en ustedes lo que digo sobre la incipiente asertividad infantil. Cómo podría ayudarles, a ustedes, tratar de actuar con la espontaneidad y la inocencia con la que van por el mundo esos seres pequeñitos. Que piensen cómo fueron educados y si, esa educación, les ha facilitado o dificultado la relación con otras personas. Si, en ocasiones, se sienten tristes, frustrados o enfadados porque no logran explicar las cosas como quisieran y conseguir lo que, para cada uno, es importante.No es un escrito dedicado a la educación de los hijos, aunque hable de dos tipos diferentes de crianza o de relación y de sus posibles consecuencias en los niños... Tampoco es un tratado sobre asertividad; sólo pretende transmitir unas ideas, para que ustedes reflexionen al respecto... Por favor, no duden en transmitirme sus opiniones, sus dudas, las cosas que encuentran positivas o aquellas con las que no están de acuerdo. Procuraremos aclararlas.Quiero agradecerles a todos y, muy especialmente a los impacientes, el que me vengan siguiendo en este camino que me he trazado para que sea más claro lo que es ser asertivo. Podía haber llegado rápidamente a las definiciones y a los consejos, pero siento que todo eso hubiera estado vacío, sin haber aclarado antes algunas cosas.
En este escrito, también quería explicar cuáles son las formas de control, utilizadas por algunas personas, de esa incipiente y algo burda asertividad infantil y cómo se “instalan” en los niños algunas emociones negativas, como resultado de esas pautas educativas. Todo sería más fácil si se les pidiera a los niños “quiero que recojas los juguetes”, por ejemplo, en lugar de decirles “los niños buenos tienen la habitación arreglada”. Para no complicar este escrito ni alargarlo demasiado, esto quedará aplazado, hasta incluirlo en el siguiente artículo.
Bibliografía:SMITH, Manuel J.: “CUANDO DIGO NO ME SIENTO CULPABLE”, Editado por Grijalbo, Barcelona.
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A continuación encontrarán los enlaces a los diferentes escritos sobre asertividad que pueden encontrar en el blog.
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miércoles, 18 de noviembre de 2015
Solos, o en compañía. Pero, nunca renunciar a nuestro gratificante entretenimiento
La cuestión sobre la cual me gustaría hacer alguna reflexión, en el día de hoy, tiene que ver con el hecho de que, algunas personas, no se encuentran nada bien cuando deciden llevar a término actividades recreacionales, en solitario.Debo poner de manifiesto que este tema surgió a raíz de los comentarios que, por escrito, me hizo llegar una amiga, hace poco tiempo. Estoy autorizada a transcribir el texto que me envió, aunque me ha parecido oportuno hacerlo, de manera parcial.“Me considero bastante independiente y estoy bien en soledad. Sólo tengo una manía, o no sé cómo llamarla. Casi no soy capaz de ir sola a ningún sitio, que sea para mi entretenimiento -cine, café, museo; ni pasear sola me gusta-. El fin de semana voy con mi marido, pero si no, casi no salgo, aparte de lo necesario -compras, o cosas obligatorias-. O sea, no me divierto sola”.A veces, pienso que es una idea que viene de pequeña; que relaciono la diversión o distracción, con el compartir con alguien. Toda la vida se hacían estas actividades en familia, o con amigos. Aquí donde vivo la gente tiene sus trabajos y familias, y poco tiempo para amistades.…en mi casa estoy muy a gusto sola, y también soy un poco selectiva con las amistades…No es grave, pero me gustaría cambiar un poco. Con tanto tiempo libre que tengo, es una pena no usarlo mejor.”Lo que nos preocupa, aquello que de alguna forma nos limita, lo que nos produce malestar, siempre es relevante para nosotros. Es posible que otras personas no le den la misma importancia, y es mejor no dejarnos influir por lo que puedan pensar, o decir, al respecto. Son situaciones que conviene comprender y, si representan algún problema para nosotros, superarlas. Le doy las gracias a mi amiga, por haber compartido conmigo esta inquietud, y así, darme la oportunidad de reflexionar sobre algo que le ocurre a mucha gente.En mi opinión, existen un buen número de razones por las cuales, a algunas personas, les resulta difícil ir solas a los sitios de ocio, cultura, o mero entretenimiento. Aunque distintas, suelen ser relativamente fáciles de identificar, después del análisis que, sobre su propia conducta, lleve a término la persona interesada. Puede concurrir más de un motivo en cada ejemplo.Dependencia: Requieren de la ayuda y de la compañía de los demás, para hacer la mayoría de sus actividades. Se encontrarán bastante limitadas en diferentes ámbitos vitales.Independencia - dependencia en algunas áreas: Pueden ser autónomos en algunas áreas de su vida, y ser algo más dependientes, o muy dependientes, en otras. Necesitan de la compañía de otros para sentirse seguros y motivados. Si existe un alto grado de dependencia, pueden sentirse francamente mal, con sólo pensar en hacer esas actividades de entretenimiento en solitario; como una especie de fobia.Es posible que personas que son bastante independientes, en varias facetas de su vida, tengan una preferencia, un encontrarse más a gusto, haciendo ciertas actividades en compañía de otros.Pueden haberse habituado a hacer las cosas de una determinada manera, y les cuesta cambiar. Las personas que, desde pequeñas, se acostumbraron a hacer las actividades de ocio con sus familiares y amigos, al no tenerles cerca, no les gusta realizarlas en solitario. Se sienten mal, raras… Desisten de hacerlas. Renuncian a ellas.No siempre es fácil encontrar a alguien que pueda ir con nosotros a ciertas actividades. Sus intereses, ocupaciones y costumbres, pueden ser diferentes a los nuestros.Dificultades para hacer amistades: Ya sea por falta de habilidades sociales, timidez, inseguridad, o por todo lo contrario: por ser muy selectivos y exigentes a la hora de elegir nuestras compañías. Cuando sentimos que no compartimos los mismos intereses y valores, nunca les otorgaremos la categoría de amigos. En este punto, es preciso hacer una clara diferenciación entre quienes son los amigos más íntimos, las amistades, y los conocidos. Para compartir un rato de ocio con alguien, podría no ser necesaria una profunda relación personal. Con tener ciertos intereses comunes y llevarse bien, sería suficiente.Necesidad de cercanía y confianza: Algunos, necesitan hacer estas actividades con personas cercanas, con las que tengan bastante confianza. Es difícil que decidan hacerlas en compañía de personas con las que no les unen lazos de amistad. Mientras que, otros, se aíslan, y huyen del contacto con otras personas, salvo la familia y los amigos íntimos. Pueden haber sufrido una perdida afectiva importante, o reveses y problemas de los que aún no se hayan recuperado.Preocupación por lo que los demás puedan pensar de nosotros, que nos puedan considerar personas tristes, aburridas, incapaces de encontrar a quien nos haga compañía. Esta preocupación puede convertirse en miedo, a fuerza de ir dándole vueltas a la cabeza. O, en pánico, al pensar que podemos encontrarnos solos, en medio de la gente. Esto podría estar causado, en parte, por ciertos estereotipos sociales que consideran que las personas que van solas a los sitios son aburridas, solitarias, raras, introvertidas; por lo que no tienen amigos, ni siquiera, alguien que los acompañe.Estar demasiado cómodos en casa: Si nos encontramos a gusto en casa, y disfrutamos con lo que hacemos, es muy probable que nos dé pereza salir, y hacer actividades en solitario.Falta de motivación: No encontrarse suficientemente motivado para salir solo, no encontrar suficientes atractivos para hacer cambios en su estilo de vida, en su forma de entretenimiento, para hacer amistades nuevas, para asistir a actividades. Lo cual está muy cerca de no querer salir de la zona de confort. Encontrarse cómodo con lo que uno está haciendo, sin esforzarse en introducir cambios.Síntomas de depresión: Las depresiones, tanto si son leves como graves, aumentarán notablemente nuestra dificultad para hacer planes de entretenimiento de cualquier tipo.Falta de seguridad en nosotros mismos: Para atrevernos a hacer algo que no habíamos hecho antes por nosotros mismos, para enfrentar nuestros miedos y preocupaciones, para tomar decisiones que luego nos aportarán bienestar, aunque al principio requieran esfuerzo, y superar los inconvenientes que se nos puedan presentar.Expectativas negativas: Piensan que lo van a pasar mal; por lo tanto, ni lo intentan. Y si alguna vez lo prueban, ya van prevenidos, por lo que no se relajan y disfrutan.Hay quienes no disfrutan de las actividades porque no tienen con quién compartirlas y comentarlas. Les pueden llegar a gustar, pero les entristece no tener a nadie a su lado, cuando salen.En cambio, otros, aun cuando desearían hacer alguna actividad acompañados, no encuentran con quien hacerla, por no coincidir en gustos y preferencias. Ante la alternativa de renunciar a salir de casa, prefieren hacer lo que les apetece, en solitario.Curiosamente, conozco a personas que se han acostumbrado a salir solas. Aunque, en un principio, no les llamaba la atención, con el tiempo, fueron partidarios de esta alternativa, porque le encontraron ventajas. No tenían que ponerse de acuerdo con otros acerca de adónde ir, cuándo, ni cómo. ¿Para qué plantearse la necesidad de ir a sitios donde, a ellos, no les gustaba ir? ¿Para qué, estar con personas que continuamente hacen comentarios, cuando lo que ellos quieren es concentrarse en la película, en el espectáculo, o en sus propios pensamientos?No hay que tener ninguna prevención a querer desarrollar actividades de entretenimiento, o salir, en solitario, Me parecería absurdo perder la oportunidad de hacer algo agradable, divertido, o genial, en lugar de arriesgarse a que la vida se vuelva triste, monótona y aburrida. Procede explorar nuestro entorno, conocer cómo nos sentimos actuando de forma diferente, superar pequeños reparos e inconvenientes que nos limitan a actuar. Descubrir nuevas fuentes de satisfacción, gozo, interés y diversión. Superar nuestra resistencia al cambio, viendo como ese miedo a lo desconocido se va sustituyendo por la sorpresa de conocer nuevas facetas de nosotros mismos, que nos eran desconocidas, y descubrir otras fuentes de placer diferentes de las habituales.Me tomo la libertad de señalar algunas consecuencias positivas que comporta la realización de este tipo de actividades:Aumenta la confianza en nosotros mismos, al superar los obstáculos, y atrevernos a hacer actividades que, antes, no hacíamos solos.Mayor autonomía e independencia: Sólo dependemos de nuestra propia disponibilidad de tiempo, para hacer alguna actividad que deseemos hacer. No necesitamos encontrar a otras personas que nos acompañen.Bienestar emocional: Si podemos dedicar parte de nuestro tiempo a actividades que antes no realizábamos, por no encontrar con quién hacerlas, nos encontraremos mejor. Cuando nos enfrentamos a retos personales y los superamos, nos sentimos fortalecidos.A estos beneficios, se añadirán todos aquellos que, cada uno de nosotros, a título individual, podremos percibir con legítima satisfacción.
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