En este escrito que tengo el placer de someter a su consideración, quiero
compartir con ustedes algunas ideas de Lorraine C. Ladish, extraídas de su
libro “Más allá del amor. Amistad, afecto y compromiso”.
Me centraré en un capítulo titulado: Amor
codependiente versus amor independiente. No obstante, invertiré el orden
que la autora establece, refiriéndome aquí a las Características del amor independiente, lo cual ha de permitirnos
navegar a través de los mares en calma, proclives a lo positivo y lo deseable.
En un escrito diferente, me referiré a las Características
del amor codependiente, que es un término que adopta la escritora, aunque
no está registrado por la Real Academia Española de la Lengua.
Como expresé en un artículo que publiqué, hace algún tiempo, sobre el
amor dependiente, procuraré no referirme, en exclusiva, al amor de pareja, ya
que considero que todos los afectos, de la índole que sean, deben ser
independientes, y no estar sometidos a la esclavitud de la dependencia
emocional. A continuación, me referiré a algunos
de los atributos más relevantes del amor independiente:
Permite el crecimiento individual.
En el amor independiente, cada uno tiene la suficiente confianza en sí
mismo, como para permitir que el otro haga lo que sea preciso para crecer como
individuo. Tendrán que adquirir compromisos de trabajo, o de estudio, los
cuales podrán requerir de viajes y desplazamientos. Afrontarán la lógica
separación física que eso comportaría. Deberán relacionarse con otras personas,
y fortalecer aquellos vínculos que deseen conservar. Ambos, proyectarán su vida
profesional adecuadamente, sintiendo que forman parte de un mismo equipo, y que
pueden confiar, el uno en el otro.
Resalta las mejores cualidades de
cada uno.
Cuando ambos se sienten con el mutuo y franco aliento, gozan de un mayor
estímulo para su personal superación. Si se tratan con respeto y se dan
muestras de apoyo y de cariño, es natural que respondan de la misma manera. Y
si se valoran y se animan mutuamente, es normal que, ambos, tengan más ganas y
más energía para desarrollar sus aptitudes, sus aficiones, su trabajo, etcétera.
Acepta el cambio. Está abierto a lo
que decidan y pacten.
Sabiendo que las dos partes se desean lo mejor, aceptan los retos que se
les presentan. Son conscientes de que deben afrontar los cambios y, que cualquier
situación pactada es válida, cuando se ponen mutuamente de acuerdo.
Fomenta la evolución de la relación
y de sus componentes.
Cuando uno se siente seguro de sí mismo, y de la persona a la que ama, es
capaz de dejar que el otro evolucione y cambie, si es preciso, sin temor a
perderle por ello. La capacidad de adaptación al cambio y a la evolución es
importante para evitar que la relación se estanque.
Hay intimidad y acercamiento.
Ambos, sienten la absoluta confianza para mostrarse como son; incluso, para poder mostrarse vulnerables, entre ellos.
Pueden compartir temores, momentos buenos y malos. Pueden confesarse dudas, sin
miedo a que alguno se aproveche de la debilidad del otro. Sin que asome el
menor sentimiento de envidia, por el éxito alcanzado por el otro.
Permite la libertad de comunicar
los deseos individuales.
Sienten la confianza de poder decirse lo que quieren, y cuando quieren,
directamente, sin tapujos ni manipulaciones. Y a la vez, sienten la libertad de
decir “no” cuando se les pide algo que no les es posible dar en ese momento, o
que no es de su agrado. El hecho de poder comunicar lo que desean, no garantiza
que lo obtengan, pero fomenta una buena comunicación.
No busca el amor incondicional.
El amor incondicional
significaría que, hagamos lo que hagamos, por malo, doloroso o rastrero que
sea, el compañero, amante o amigo nos querría de igual manera.
¡Y viceversa!
Muy distinto es saber que queremos a la otra persona tal como es, con lo
bueno y con lo no tan bueno. Pero, seguir amando cuando te hacen daño, o cuando
esa persona te impide crecer, avanzar y ser feliz, eso ya es otra cosa. En el
fondo, es un no querernos y respetarnos lo suficiente. Cuando nos sentimos bien,
el único amor incondicional que necesitamos, y que nos es posible obtener, es
el que nos concedemos a nosotros mismos.
Acepta un determinado grado de
compromiso.
En aquellas relaciones en las que hay dependencia emocional, el hecho de
aceptar un compromiso, ya sea de tiempo, de dedicación, o de fidelidad, parece
implicar una pérdida de libertad, o de identidad. Uno puede sentir que se ahoga
dentro de la relación. En cambio, las relaciones independientes otorgan un
significado totalmente distinto al término compromiso, convirtiéndose en un
deseo que nos incita a compartir nuestros sentimientos con el otro ser. Le
otorgamos un espacio, un valor en nuestra vida y empezamos a sopesar cómo le afecta
aquello que hacemos. El compromiso nos vuelve más generosos, y amplía nuestra
mente y nuestros horizontes.
Ambas partes tienen una buena
autoestima.
Para la autora, esta es quizás una de las características más
importantes. Ambos se sienten a gusto
consigo mismos, aunque eso no implica que permanecerán siempre igual. No
necesitan demostrar nada a nadie, ni que nadie les muestre su valía. Siempre
habrá espacio para aprender, y para que cada uno modifique, en sí mismo, lo que
crea conveniente y necesario. No podemos, ni debemos intentar cambiar a otra
persona. Cada uno va a su propio ritmo, tiene sus prioridades, y su forma de
ver lo que sucede.
En el amor dependiente el sentimiento de bienestar de alguien puede
variar de acuerdo a la forma de actuar del otro. En el amor independiente la
otra persona nos trata bien porque así le nace y porque nosotros no dejaríamos
que fuera de otra manera, ya que nos queremos demasiado como para dejar que nos
humillen o hagan daño.
Acepta la separación física. Se
echan de menos, pero no les desequilibra.
Cuando confías en otra persona, y en ti mismo, puedes echarla de menos si no está cerca, pero no
estás obsesionado con él o ella. Es más, su recuerdo te produce placer y eres
capaz de emplear el tiempo de la separación de forma productiva, en lugar de
sumirte en un estado de agitación y ansiedad, fruto de la desconfianza.
Hay confianza mutua.
Hasta que no se demuestre lo contrario, depositan su confianza en la
pareja, familiar o amigo, y así mismo, aceptan la responsabilidad de contar con
la confianza del otro.
Hay intereses comunes. Buena
comunicación.
Ambos, tienen deseos parecidos en lo que respecta a su relación. Y si no es así, están dispuestos a hablar de
ello, tomar decisiones y pactar. Tienen algunas
metas comunes. La buena comunicación no significa contarse absolutamente
todo, pero sí todo lo que pueda afectar a la relación. Y sobre todo hacer lo posible por entender al otro y no
obcecarse en una postura, sin ceder y negociar algo que les venga bien a los
dos.
Da sin esperar nada a cambio.
Se ayudan y colaboran sin estar esperando nada a cambio. No llevan la
cuenta de lo que han hecho por el otro, y no se ayudan por motivos retorcidos.
Lo hacen porque se quieren y les satisface verse felices. Cuando tienes la
sensación de que tu pareja también hace las cosas porque le produce placer
verte contento y complacido, eso te impulsa a dar más aún.
Produce más gozo que dolor.
El amor independiente y saludable contribuye a nuestra felicidad, no a
nuestra desdicha. Todas las relaciones pueden atravesar momentos malos y
dolorosos, pero si se alimentan exclusivamente de ellos, es mejor abandonarlas.
El amor independiente contribuye a una sensación prolongada de bienestar
y de plenitud. Proporciona placer continuado en el tiempo.
Tiene altibajos pero se caracteriza
por la estabilidad.
A pesar de los momentos buenos y malos que se presentan en la vida,
sienten que, generalmente, la relación se encuentra en un término medio: no
produce euforia, seguida inevitablemente de un bajón depresivo. Es una relación
pausada, agradable, que te aporta bienestar, confianza, estímulo… La
estabilidad puede resultar aburrida, si la vemos desde fuera, pero es gratificante
y edificante, cuando la vives y la disfrutas.
Posiblemente, el lector encontrará a faltar algún otro atributo a la
larga lista de los que aquí se han mencionado. Sin embargo, pienso que la
relación de todo cuanto hemos apuntado es suficiente para darnos una idea de
cuál es la verdadera naturaleza de lo que entendemos por amor independiente.
Nota aclaratoria: lo que se entiende por relaciones
independientes, en este escrito, tiene mucho que ver con el concepto de
"Interdependencia" al que se refiere Stephen S. Covey en "Los
siete hábitos de la gente altamente eficaz”.
Para ver el artículo sobre las Características del amor codependiente,
accede al blog, a “Las cadenas de Afrodita”, mediante el siguiente enlace: