Lo deseable en una relación es que sea agradable, que haya puntos en común, que podamos disfrutar de la compañía de nuestra pareja.Algunas cualidades ayudan a que una relación de pareja sea positiva: el compromiso, la sensibilidad, la generosidad, el ser considerados, la cooperación, la flexibilidad, la solidaridad, la responsabilidad, la confianza. La capacidad de reconocer los errores, trabajar por corregirlos, saber perdonar y adaptarse a los cambios que convenga introducir. Probablemente, ya poseeremos algunas de estas cualidades. Mientras que, otras, las iremos adquiriendo a través de los años de convivencia. En ambos casos, es necesario averiguar si hay indicios que nos lleven a pensar que, alguno de los dos, carece de la capacidad o de la voluntad de desarrollarlas.Si suponemos que la vida es más llevadera entre dos, el otro no puede ser una carga. Un buen amor de pareja es liviano, no es una cadena pesada o una cruz que se deba arrastrar de por vida. No tiene que ser una relación llena de sufrimiento y lágrimas, como todavía piensan algunas personas. No hagamos estupideces en nombre del amor: dejarnos engañar, aferrarnos a relaciones donde el otro no nos ama, soportar el maltrato, renunciar a nuestros sueños, a nuestros intereses, a nuestra vocación…Es peligroso e irracional adaptarse a una situación dañina y agotadora, sin perspectivas de mejoría. En palabras de Walter Riso: “No hay que padecer a la persona amada, sino disfrutarla”.Sabemos que cuando nos relacionamos con otro ser, lo hacemos con lo bueno y con lo malo que hay en cada uno de nosotros. Por eso, haríamos bien en tener los ojos bien abiertos para ver lo positivo que una relación aporta a nuestras vidas y para ir evaluando si las carencias o defectos que encontramos podrán hacer que la convivencia sea especialmente difícil, dolorosa o, incluso, peligrosa.Cuando hay más desencuentros que coincidencias y nos vemos obligados a defender nuestros puntos de vista, nuestras preferencias y nuestros deseos, porque no se tienen en cuenta ni se respetan, estamos con la persona equivocada.Soy una gran defensora de las relaciones de pareja y de hacer lo posible por solucionar las dificultades que surjan, tratar de limar asperezas, respetar los espacios individuales y compartidos... No obstante, debo reconocer que hay ocasiones en las que la convivencia se hace demasiado difícil. Tanto, que llega a ser insoportable, incluso. En tal caso, resulta poco recomendable alimentar esperanzas de que la situación pueda mejorar de forma efectiva con el transcurso del tiempo. Sucede en aquellas relaciones que se han deteriorado tanto, que ya no se puede hacer nada por salvarlas, porque, se ha llegado a un punto de no retorno.Esto puede deberse a incompatibilidades difíciles de sobrellevar, que hayan tenido un impacto negativo en la relación. Por ejemplo, posiciones muy diferentes en cuanto a las creencias, la religión, los proyectos personales, las posiciones éticas, el manejo del dinero, las relaciones con familiares y amigos, la actitud frente a la vida y otras cuestiones trascendentales.Algunas parejas no logran construir un proyecto de vida en común, no consiguen tener una convivencia agradable y se van destruyendo mutuamente. Otras relaciones terminan deteriorándose, debido a graves problemas externos que desestabilizan la convivencia. La vida les somete a duras pruebas y no encuentran la forma de afrontarlas adecuadamente.Por mucho que nos duela, llega la hora de aceptar que algunas relaciones no son recuperables. En cuyo caso, es necesario ayudar a las personas involucradas para que la ruptura sea lo menos traumática posible para ellos. Y para que extraigan las lecciones prácticas de lo que esa relación aportó a sus vidas. Lo cual, servirá de orientación y de estímulo para afrontar un nuevo futuro.Bibliografía:RISO, Walter: “Manual para no morir de amor”.Imagen encontrada en internet: https://s3.amazonaws.com/cdn.conectate-new.com/wp-content/uploads/2017/03/27232951/Separacion-Pareja1.jpg
Artículos y mensajes que ayuden a reflexionar sobre la vida, las relaciones interpersonales, familia, pareja, psicología, pensamiento, creatividad...
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viernes, 24 de agosto de 2018
Tapar el cielo con las manos
miércoles, 22 de agosto de 2018
Algunas consideraciones sobre el amor de pareja
Todavía, hay demasiada gente que considera imprescindible disfrutar del amor en pareja. Hasta el punto de que aquellos, a los cuales, se les ha negado tal posibilidad, se sienten fracasados y arrastran una gran frustración. Así mismo, experimentan una gran desazón quienes tienen problemas con su pareja; o los que han roto su relación con ella y, todavía, no se han recuperado emocionalmente.Para todos ellos, el amor o el desamor son temas que ocupan una buena parte de sus pensamientos y de su tiempo. El simple hecho de amar, es una experiencia muy reconfortante.Algunos, consideran que no es fácil encontrar una pareja idónea y lograr que la relación sea enriquecedora y estable. Creen que es una cuestión de suerte. Admitamos que el azar intervenga, a la hora de conocer a nuestra eventual pareja. Pero, a partir de este mismo momento, será necesario que concurran muchos factores para que el encuentro pueda cristalizar en amor verdadero.El aspecto físico o la facilidad para comunicarse que tenga la persona con la que nos hemos encontrado, pueden llamar nuestra atención. No obstante, la relación no progresará, a menos que haya “algo” en común entre nosotros. Y, este algo es un compendio de aquellas características que son importantes: su forma de dirigirse a nosotros y de tratar a los demás, su sentido del humor, su grado de madurez, la calidad y la profundidad de sus sentimientos. En suma, todo aquello que nos gustaría compartir de una persona, cultura, gustos y aficiones incluidas. Aunque, debemos tener en cuenta que filtraremos, igualmente, aquellos aspectos que nos desagradan: el tono de su voz, su forma de hablar, la agresividad, la superficialidad… Su aseo personal, su forma de vestir y su forma de andar, incluidos.Muchas de las equivocaciones que se cometen en el amor, se dan en aquellos casos, en los cuales, la elección de la pareja sólo se hace con el corazón. Sin considerar, de manera racional, otros factores que podrían ser fundamentales para la convivencia diaria. Además del sentimiento amoroso, deberemos ir poniéndole algo de cabeza a la relación. Ver cómo es la otra persona, cómo somos nosotros cuando estamos con ella, cómo es nuestra forma de relacionarnos… Si los defectos de los dos son llevaderos y, a pesar de los mismos, somos compatibles. Conviene conocer cuáles son los asuntos que nos apasionan y tener la confianza de que podremos continuar desarrollándolos conjuntamente.No podemos prever ciertos aspectos que emergerán durante la convivencia. Pero, nos engañamos a nosotros mismos, si quitamos importancia a detalles o formas de actuar que no nos gustan, pensando que con nuestro gran amor todo se irá arreglando.El amor no es suficiente para establecer una relación que pueda ser duradera y enriquecedora para ambos. Antes de tomar la decisión de vivir juntos, sería aconsejable tener el mayor conocimiento posible de nuestra pareja. Para lo cual, es exigible la mutua sinceridad, aun a expensas de que queden al descubierto aspectos de nuestra personalidad que no sería honesto ocultar.El éxito de una relación y la calidad de la convivencia dependen, en gran medida, de cada uno de nosotros; de cómo somos, cómo actuamos, cómo vamos aprendiendo de la experiencia, y de cómo resolvemos los problemas o las diferencias que van surgiendo.
Bibliografía:RISO, Walter: “Manual para no morir de amor”.
Imagen encontrada en Internet, en http://www.instahu.com/tag/marlinavera
miércoles, 13 de julio de 2016
Progresar en el amor, romper con el desamor
Mientras que un gran número de personas desea encontrar a alguien especial, con quien poder construir una familia, muchas otras, están teniendo problemas con su pareja o han roto su relación y, todavía, no se han recuperado emocionalmente. Para todas ellas, el amor y el desamor son temas que ocupan una buena parte de sus pensamientos y de su tiempo.Es difícil negar que el hecho de enamorarnos y construir una familia pueda ser una de las experiencias más reconfortantes, desde el punto de vista psicológico y espiritual. El problema es saber con quién emprendemos la tarea, cómo elegimos compañero o compañera.Algunos consideran que encontrar una pareja, con la cual, la relación sea enriquecedora y estable, es una cuestión de suerte. Pero, no es así. Depende, en gran medida, de cada uno de nosotros, de cómo somos, cómo actuamos y cómo resolvemos los problemas y las diferencias que van surgiendo.Muchas de las equivocaciones en el amor, se dan en aquellas parejas cuya elección sólo se hace con el corazón. Sin considerar, de manera racional, otros factores que podrían ser fundamentales para la convivencia diaria.Además del sentimiento amoroso, deberemos ir poniéndole algo de cabeza a la relación e ir viendo cómo es la otra persona, cómo somos nosotros con ella, cómo es nuestra forma de relacionarnos. Si son llevaderos los defectos o las debilidades de los dos, si somos compatibles, cuáles son los intereses de cada uno y si, juntos, podremos desarrollarlos. Hay aspectos de la otra persona que sólo emergerán durante la convivencia, por lo que poco podremos prever al respecto. Pero, nos engañamos a nosotros mismos cuando vemos ciertos detalles o formas de actuar que no nos gustan y les quitamos importancia, pensando que con nuestro gran amor todo se irá arreglando.Suponemos que la vida es mucho más confortable cuando se comparte entre dos. Por lo tanto, nuestra pareja, jamás, puede significar una carga que soportar. Un buen amor de pareja es liviano, no hay que arrastrarlo, como si fuera una cruz que nos ha tocado llevar a cuestas. No se construye en base a sufrimientos y lágrimas, como todavía piensan ciertas personas. Si una relación se convierte en dolor y cansancio, sin perspectivas de mejorar, adaptarse a la situación, no es tan solo erróneo, sino disparatadamente irracional. En palabras de Riso: “No hay que padecer a la persona amada, sino disfrutarla”.Podemos hacer muchas estupideces en nombre del amor: nos dejamos estafar, persistimos en relaciones donde el otro no nos ama, soportamos el maltrato, renunciamos a nuestros sueños, a nuestros intereses, a nuestra vocación… En fin, el tan alabado amor muchas veces se nos escapa de las manos y nos conduce a un callejón sin salida.Hay una serie de cualidades que ayudan a que una relación de pareja sea positiva: la capacidad de comprometernos, la sensibilidad, la generosidad, el ser considerados, la cooperación, la capacidad de adaptación, reconocer los errores y trabajar por corregirlos, el saber perdonar, la solidaridad, la responsabilidad, la confianza… Algunas de ellas pueden estar en nosotros y otras se pueden ir adquiriendo a través de los años de convivencia.Lo deseable es que la relación sea agradable, que haya puntos en común, que podamos disfrutar con nuestra pareja. Cuando hay más desencuentros que encuentros y nos vemos obligados a sustentar y defender nuestros puntos de vista, nuestras preferencias y nuestros deseos, estamos con la persona equivocada. Hay incompatibilidades que no son fáciles de llevar y cuya presencia afectará profundamente a la relación. Por ejemplo, posiciones muy diferentes en cuanto a las creencias, la religión, los proyectos personales, las posiciones éticas, la actitud frente a la vida, así como otras cuestiones trascendentales que reflejan visiones del mundo contrapuestas.Soy una gran defensora de las relaciones de pareja y de hacer lo posible por solucionar las dificultades que surjan, tratar de limar asperezas, respetar los espacios individuales y compartidos... No obstante, debo reconocer que hay ocasiones en las que, todo eso, no es que sea difícil, sino que se ha convertido en imposible. La situación se ha deteriorado tanto, que no es recomendable continuar luchando para salvar la relación: se ha llegado a un punto de no retorno.Algunas parejas se han encontrado, a lo largo de su relación, con la imposibilidad de construir un proyecto de vida en común; no logran tener una convivencia agradable y se están destruyendo mutuamente. En otras parejas, surgen tan graves problemas entre ellos, que son incapaces de encontrar la forma de afrontarlos adecuadamente.Muy lamentablemente, debemos aceptar que algunas relaciones no son recuperables, por lo que es conveniente ayudar a las personas involucradas para que la ruptura sea lo menos traumática posible y para que extraigan las lecciones que esa relación aporta a sus vidas.Algunas personas, después de separarse, adquieren lo que podría llamarse la sabiduría del “no”: es posible que no posean una absoluta claridad sobre lo que esperan y quieren del amor, pero sí sobre lo que no quieren y no estarían dispuestos a tolerar otra vez. Miran lo que ha habido en su relación y determinan cuáles son los elementos que no son negociables, lo que no están dispuestos a sufrir de nuevo, lo que no quieren volver a vivir con otra persona: los celos, el excesivo control del dinero, que no le respeten, la infidelidad, la falta de detalles, la abstinencia sexual, que la pareja sea aburrida…Las diferentes vivencias nos muestran lo que no querríamos tener en una nueva experiencia y cuáles son las cosas que sí apreciamos en nuestras relaciones y que para nosotros son importantes. Si nuestra lista de exigencias es demasiado grande será bien difícil encontrar a alguien con quien poder compartir nuestra vida, nuevamente.Como en todos los órdenes de la vida, es conveniente mantener cierto equilibrio y objetividad. Debemos aprender de la experiencia, analizar lo que ha pasado y por qué. Saber qué parte de responsabilidad nos corresponde a nosotros, ver en qué hemos fallado y cómo solucionarlo, en ocasiones futuras. Siempre, teniendo cuidado de no cerrarnos a nuevas relaciones o pretender que la persona que pueda venir sea perfecta, lo cual es imposible.Walter Riso afirma que, algunas veces, será recomendable la ruptura de un matrimonio, aunque todavía se sienta amor. Si estamos sufriendo con nuestra relación, si no nos aporta bienestar y felicidad, aunque amemos a nuestra pareja, cambiaremos un sufrimiento continuado e inútil por un dolor temporal, que se irá disipando gracias a la elaboración del duelo: “Te amo, pero te dejo. Y lo hago no porque no te quiera, sino porque no me convienes, porque no le vienes bien a mi vida”. La máxima a tener en cuenta sería: “si no vives en paz, amar no es suficiente”.Algunas personas permanecen en un matrimonio con problemas en la convivencia por razones ajenas a la pareja: cuestiones familiares, sociales, religiosas… La familia y algunos amigos, en lugar de apoyarles en su decisión, pueden hacer que ésta sea mucho más difícil de tomar.La decisión de seguir o no con tu pareja es exclusivamente tuya o, como mucho, de ambos: no entregues el poder a otra persona para que decida por ti. Tú eres el único que sabe cómo es tu relación y cómo te está afectando. Ni siquiera tu pareja puede forzarte a continuar en una relación en la que ya no deseas continuar.Bibliografía:RISO, Walter: “Manual para no morir de amor”.
Imagen de 123RF.
jueves, 31 de marzo de 2016
Inmadurez emocional: identificación de los rasgos básicos
Hace unas semanas, una amiga mía me preguntó cuáles eran los signos básicos por los que se podía descubrir la inmadurez en una persona. Me propongo resumir, aquí, algunos de ellos.La inmadurez emocional implica una perspectiva ingenua e intolerante ante ciertas situaciones de la vida. Especialmente, hacia aquello que supone un reto, lo que resulta incómodo y lo que es negativo. Quienes no hayan desarrollado un grado de madurez adecuado, tendrán dificultades ante el sufrimiento, la frustración y la incertidumbre. Mostrarán escaso autocontrol y autodisciplina.Las personas que no son fuertes ante el sufrimiento, fácilmente se darán por vencidas ante las dificultades, y no se esforzarán lo necesario para resolver sus problemas. Se han acostumbrado a que otras personas hagan lo que ellos necesitan, por lo que ellos no desarrollan sus propias habilidades para ocuparse de sí mismos. Por otro lado, si se sienten incapaces de afrontar lo que puede ser desagradable o difícil, y buscan desesperadamente el placer, el riesgo de adicción es alto.Las personas que tienen una baja tolerancia a la frustración, por lo general piensan que la vida gira alrededor de ellas. Son egocéntricas y se sienten muy mal cuando las cosas no se desarrollan como ellas quisieran. Son como niños pequeños que no entienden que a veces se pierde y que no podemos hacer nada para cambiar eso. Lo único que podemos hacer es aceptar lo que ha sucedido y continuar con nuestras vidas. Para ellas, es difícil darse cuenta de que les es imposible tener el control sobre el resto del mundo.Otra manifestación de la inmadurez es tener una ilusión de permanencia. Creyendo que, siempre, van a tener cerca de ellas esa persona que les proporciona lo que necesitan, aquello que les resuelve sus problemas y les salva de sus propios miedos. Es muy difícil renunciar, y dejar ir, a las personas que son importantes para ellas. No aceptan los cambios que se producen en una relación, por lo que quieren, poniendo de manifiesto toda su intransigencia, que las cosas continúen como antes. Y, eso es imposible. Todo está en un continuo proceso de cambio. Y, nosotros, también lo estamos.
To read it in the English blog, please, go to the above link:Para leerlo en el blog en inglés, por favor, accede al siguiente enlace:http://letushaveanicedaytoday.blogspot.com.es/2016/03/emotional-immaturity-most-basic-features_31.html
viernes, 4 de marzo de 2016
¿A cuáles elementos de las relaciones nos apegamos?
Teniendo como referencia el libro de Walter Riso, “¿Amar o depender?”, que ya utilicé para dos escritos anteriores, me permitirán continuar con mis reflexiones sobre la dependencia emocional.Recordarán que, en el primero de ellos, “Un amor dependiente produce, siempre, un gasto excesivo de energías”, decía que cuando dependemos de otra persona, renunciamos, en parte, al amor y al respeto por nosotros mismos, así como a muchos elementos de nuestra propia esencia. Lo hacemos, con tal de permanecer a su lado, o por el deseo de preservar lo bueno que pueda ofrecernos esa relación. Como contrapartida, dejamos de desarrollar aptitudes y habilidades, las cuales, paradójicamente, podrían ayudarnos a ser menos dependientes.En el segundo, “Inmadurez emocional: algunos ejemplos de dependencia”, encontramos que la inmadurez emocional implica una perspectiva ingenua e intolerante ante ciertas situaciones de la vida. Especialmente, hacia aquello que supone un reto, lo que resulta incómodo y lo que es negativo. Quienes no hayan desarrollado un grado de madurez adecuado, tendrán dificultades ante el sufrimiento, la frustración y la incertidumbre. Mostrarán escaso autocontrol y autodisciplina.En esta ocasión, deseo ir un paso más allá y referirme a algunos elementos de las relaciones, a los cuales, nos apegamos.Para que haya apego, o dependencia, debe haber algo que lo justifique: querer evitar lo que nos causa dolor, o mantener una situación que nos produce satisfacción.El apego en el que estemos inmersos, dependerá de la educación que hayamos recibido, de nuestra historia afectiva, de los valores que nos hayan inculcado, o de ciertas carencias personales que podamos tener. Nunca, de la elección que hayamos querido hacer nosotros, voluntariamente.Apego a la seguridad y a la protecciónLas personas con baja autoeficacia, sienten que no son capaces de solucionar por sí mismas los problemas que se les presentan y perciben la realidad como demasiado amenazante. Creen que necesitan de alguien que les cuide, que se haga responsable de ellas, que les proteja, que les dé seguridad.Las raíces de este apego pueden encontrarse en la sobreprotección parental, así como en la falta de apoyo, durante su crecimiento, para que vayan adquiriendo seguridad en sí mismas. De alguna forma, se les ha transmitido la idea de que el mundo es hostil y peligroso, que necesitan de alguien que les ayude y les proteja. Sentirse incapaces de valerse por sí mismas para solucionar sus problemas y estar convencidas de que el mundo es terriblemente amenazante, hace que las personas se perciban a sí mismas como indefensas, desamparadas y solitarias. La consecuencia de todo ello es predecible: no se sentirán con autonomía y libertad, y, por tanto, fácilmente desarrollarán comportamientos dependientes.El apego a la estabilidad, a la permanencia, a tener a alguien en quien confiarEn ciertos individuos, la búsqueda de estabilidad está asociada a un profundo temor al abandono y a una hipersensibilidad al rechazo afectivo. Necesitan confiar en que la otra persona permanecerá cerca, que es estable, constante, predecible y perseverante en la relación.La historia afectiva de estas personas está marcada por despechos, infidelidades, rechazos, pérdidas o renuncias amorosas que no han podido ser procesadas adecuadamente. Lo primordial para quienes tienen este tipo de apego es impedir otra deserción afectiva. El objetivo es mantener la unión afectiva a cualquier costo y que la historia no vuelva a repetirse.Apego a las manifestaciones de afectoEn este tipo de apego, aunque indirectamente también se busca estabilidad, el objetivo principal no es evitar el abandono sino sentirse amado.Son personas con baja autoestima, que se sienten valiosas cuando alguien les ama, cuando les dan muestras de afecto.El cariño, la ternura y otras manifestaciones de afecto serán vistos por el apegado como señales de que el amor aún está presente. Si la expresión de afecto disminuye por cualquier razón, incluso intrascendente, el individuo adicto puede volcarse desesperadamente a recuperar "el amor perdido", como si la relación estuviera a punto de desbaratarse. Si por el contrario el intercambio afectivo es fluido y estable, el adicto obtendrá su consumo personal y todo volverá a la calma.El apego al halago y a la admiraciónEl apego a la admiración está muy relacionado con los problemas de autoconcepto. El autoconcepto es la opinión que una persona tiene sobre sí misma, y qué tanto se acepta a sí misma. En un extremo están los narcisistas crónicos, que se creen como dioses, y en el otro, los que viven defraudados de sí mismos, y se sienten insignificantes. Tengamos en cuenta que ese complejo de superioridad de los narcisistas suele querer disimular un bajo autoconcepto, que subyace en el fondo. Necesitan del halago y de la admiración para poder seguir manteniendo la idea que ellos se han creado de sí mismos.Por lo que respecta a quienes se sienten insignificantes y viven defraudados de sí mismos, el apego es al reconocimiento y la adulación. Si alguien les muestra admiración y algo de fascinación, el apego no tarda en llegar. Exaltar el ego de una persona que se siente poca cosa, elogiar sus cualidades, otorgarle crédito y asombrarse ante alguna de sus habilidades que, nunca, le habían sido reconocidas, lleva a esta persona a sentir apego a esa admiración.El apego "normal" al bienestar y al placer de toda buena relaciónCiertas formas de dependencia, o apego, son vistas como "normales" por la cultura, e incluso por la psicología. Esta evaluación benévola y complaciente tiene dos vertientes. La primera, argumenta que la existencia de estas "inocentes" adicciones ayuda a la convivencia. La segunda posición, sostiene que muchos de estos estimulantes afectivos no parecen relacionarse con esquemas inapropiados, sino con el simple placer de consumirlos. De todas formas, su frecuente utilización y la incapacidad de renunciar a ellos, los convierte en adictivos.Los reforzadores que se obtienen de una buena relación varían de acuerdo con las preferencias del consumidor; sin embargo, la experiencia ha demostrado que algunas formas de bienestar interpersonal son especialmente susceptibles a generar apego. Señalaré cuatro de ellas: el sexo, los mimos y la contemplación, el compañerismo y la afinidad. Y, finalmente, la tranquilidad.Como es sabido, el apego sexual mueve montañas, derriba tronos, cuestiona vocaciones, quiebra empresas, destruye matrimonios y familias… Encantador y fascinante para algunos; angustiante y preocupante para otros. Cuando la adicción sexual es de parte y parte, todo anda a pedir de boca. La relación se vuelve casi que indisoluble. Pero si el apego es unilateral y no correspondido, el que más necesita del otro lo pasará mal y terminará por buscar otra alternativa, sin saber adónde le va a llevar.El apego a los mimos y a la contemplación puede estar libre de todo apego sexual y de cualquier esquema deficitario. Ya sea por causas heredadas o aprendidas, la hipersensibilidad a los arrumacos pone en marcha un alud placentero, imposible de detener, que se irradia hasta los lugares más recónditos de nuestro organismo.Contrariamente, para las personas inhibidas, tímidas, inseguras e introvertidas, la expresión de afecto puede ser el peor de los terrores.Hay infinitas maneras de demostrar el afecto a la persona que se quiere, pero debe haber un receptor disponible. Cuando el dador de amor encuentra un terreno propicio para que la contemplación prospere, no hay nada más estimulante que cuidar y agradar a la persona amada.El apego al compañerismo y a la afinidad es mucho más fuerte de lo que uno podría creer. Hay personas supremamente apegadas, cuyo único y principal enganche es la confluencia de sus gustos e inclinaciones. No es fácil ser compañero, confidente y cómplice, pero si este nexo ocurre, la unión adquiere una solidez sustancial.El apego a la convivencia tranquila y en paz es de los más apetecidos, sobre todo después de los cuarenta años. Se está dispuesto a cambiar pasión por tranquilidad, y se prefiere la calma hogareña a las emociones fuertes.Bibliografía: Walter Riso, “¿Amar o depender?”Un amor dependiente produce, siempre, un gasto excesivo de energías. Para acceder a él:http://undiaconilusion.blogspot.com.es/2015/12/un-amor-dependiente-produce-siempre-un.htmlInmadurez emocional: algunos ejemplos de dependencia. Para poder leerlo:http://undiaconilusion.blogspot.com.es/2015/12/inmadurez-emocional-algunos-ejemplos-de.htmlImagen: Cuadro de Katerina Mertikas
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